Este día Londres nos muestra el London Eye, un paseo por el Támesis y mucho más
Día 2: 4 de agosto.
Casi incrédula, desperté el segundo día en lo que se convertiría en mi ciudad favorita, Londres; y es que llegó a ser tan lejano aquel sueño de la adolescencia, que me decía a mí misma “¡¿Qué tal? mira dónde estás, y lo que has logrado, los sueños si se hacen realidad! ¿Quién lo diría?” Estaba orgullosa de mi misma y por supuesto de mis compañeras de viaje, estoy segura que ellas también estaban viviendo una gran experiencia y muchas emociones dentro de sus corazones.
Después de desayunar y con el ánimo a tope, emprendimos camino a la estación con el plano del metro en mano. Íbamos camino al muy visitado Camdem Market, una popular zona del distrito Camdem que consta de numerosos mercados callejeros y una variada feria de comida; allí se podía encontrar literalmente de todo, así que aprovechamos para comprar algunos suvenires.
Posteriormente se vendría el plato fuerte del día; así que partimos a la estación con el propósito de dirigirnos al complejo que alberga al famoso London Eye, la segunda rueda panorámica más alta del mundo.
Llegamos finalmente. El complejo también ofrece paseos en barco por el rio Támesis, y esa era nuestra primera actividad a realizar según el itinerario. Habíamos llegado allí un poco retardadas puesto que no encontrábamos el acceso al complejo desde la estación. Los boletos estaban previamente reservados. Sucedió que se nos había pasado la hora para el paseo en bote. Por suerte, las amables encargadas de las taquillas nos permitirían abordar el siguiente crucero. Debo decir que esa no fue ni la primera ni la única vez que pudimos notar esa actitud de suma amabilidad y colaboración por parte de los británicos, y aunque ya tenía idea de que serían así por conocimiento general, fue muy grato experimentarlo personalmente.
Estando allí, era imposible dejar de fotografiar el Parlamento con su conocido reloj The Big Ben que se encontraba diagonal, del otro lado del rio. Era una vista increíble.
Entonces, pudimos iniciar nuestro crucero por el Támesis, con el imponente London Eye de costado esperando por nosotras, el día prometía muchísimo.
Comenzó así el paseo, nos sentamos en primera fila del barco para así poder tomar las mejores fotos. El recorrido fue simplemente espectacular, pudimos apreciar Londres desde diferentes ángulos según el rio iba marcando su camino, vimos al Big Ben, la misma rueda del London Eye, la zona empresarial City of London, el London Bridge, la torre de Londres custodiada por el majestuoso Tower Bridge; por cierto, más fotos para él, esta vez pasando por debajo. El susodicho se llevó el record de fotografías, ¡tenemos un campeón!
Pudimos escuchar algunos datos que la guía del crucero contaba acerca de cada sitio que íbamos viendo. Recorrimos diversos e interesantes lugares bajo una suave pero incesante lluvia. Para mí fue una de las mejores experiencias vividas durante este viaje, puesto que la mayoría de estos lugares no solo los habría de conocer de cerca, sino que también tuve la oportunidad de admirarlos desde la perspectiva del histórico rio Támesis.
De regreso al complejo no podíamos esperar para subir al inmenso London Eye, una de las principales atracciones de Londres. Hicimos la respectiva fila e ingresamos. Desde allí se podía ver toda la cuidad. La experiencia fue sencillamente genial, conocí Londres tanto a pie, directamente en cada sitio, como también desde el crucero, y por si fuera poco desde las alturas, con una vista aérea insuperable. La verdad no me puedo quejar, soy muy afortunada de haber podido vivir semejante experiencia, y aun faltaba mucho por experimentar.
Una vez que descansamos y tomamos nuevas fuerzas, realizamos una salida nocturna por la popular zona de Picadilly Circus, una intersección que consta de una plaza donde artistas callejeros muestran sus espectáculos y su famosa esquina iluminada con diversas publicidades, donde disfrutamos del animado ambiente. No podían faltar las fotos junto a las típicas casetas telefónicas británicas, rojas en su mayoría; recuerdo que esto último representaba una gran motivación para una de mis compañeras de viaje.
Luego, fuimos a la histórica Plaza Trafalgar. Allí estuvimos un rato, mas teníamos la firme intención de regresar al siguiente día con luz de sol para así tomar unas buenas fotografías. Ya no podíamos pedir más a este memorable día, así que fuimos a descansar. Un sueño reparador era lo necesario para una nueva jornada.