Era una tarde nublada, y ella miraba por su ventana.
Viendo las rosas crecer y el árbol que había en su jardín, cerró los ojos,
y sintió el olor de su perfume inundar su habitación.
Poco a poco sus brazos la envolvieron y empezaron a recorrer su cuerpo,
en una danza mutua se invadieron el uno al otro.
El sudor se sentía, al rozar piel con piel
y la humedad se hacía presente más en ella que en él.
Beso a beso, deseando estar por todos los rincones.
Con sus manos el moldeaba su figura imperfecta, todas sus curvas las besó,
y con el solo roce de sus dedos por su espalda,
la hacía estremecer y soltar una que otra risa de placer.
No podía más deseaba ya tenerlo dentro, y se empezaba a desesperar.
Rápidamente sus manos fueron atadas para hacerla aguantar.
Sentía como su lengua pasaba por su pecho cada vez más tenso.
Con un suave gesto la voltea, y le susurra al oído un sin fin de palabras,
para hacerla solo suya.
Pronto ella recobra el sentido, sumergida en la lujuria y el placer,
devuelve los besos y mordidas por el cuerpo y con la mano en su miembro,
hace que entre suave y empiece el va y ven.
Podía sentir todo el placer con tan solo una penetración,
la humedad de ella hacía que él se volviera loco por tenerla solo para él,
con solo sentirse dentro de ella, sabía que no podría encontrar en otra algo igual.
-poco a poco, hazlo lento, despacio que casi me vengo-
-aguanta un poco más, pues ahora yo quiero arriba estar-
Eran las palabras que cruzaban y entre gemidos y dulces gritos,
los dos llegaron a tal éxtasis de locura que no podían explicar,
al orgasmo, juntos estaban a punto de llegar.
Continuaron así y con un solo respirar dieron fin a tal festín.
Dos cuerpos, hecho uno, se separan por fin.
Y cuando ya todo está acabado, ella abre los ojos y vuelve a la realidad.
Solo una triste chica.
Era una tarde nublada, y ella miraba por su ventana.
-Ross2018-