Siempre pensé que el yoga no era para mí, soy una persona con mucha energía muy activa hasta puedo decir que un poco hiperactiva y me parecía que aquellos movimientos lentos no me irían bien, hace más o menos unos dos años mi mejor amigo comenzó a practicarlo al principio me metía mucho con él, y o tomaba en broma cuando me pedía asistir a sus clases.
En ese momento de mi vida estaba realmente mal, no solo me sentía físicamente mal, sino que mentalmente estaba hecha polvo, tenía muchas preocupaciones, aprendía(y aun aprendo) a ser madre soltera, la situación país causaba mucha tención, las nuevas responsabilidades me agobiaban.
Por fin decidí hacerle caso a Jesús (así se llama mi amigo) y asistir a la primera clase, me dijo: es un tiempo para ti, para reposar tu mente y tu espíritu.
También decidí asistir a razón de los cambios que vi en el como estaba mejorando no solo su físico sino de manera espiritual.
Y desde la primera clase me enamore de la práctica, entendí porque a él le gustaba tanto ir, el yoga no es solo una práctica física, ya que conlleva fuerza y elasticidad, es una práctica mental y espiritual, te ayuda a respirar mejor, a entender que por unos minutos eres solo un ser vivo, mas allá de preocupaciones y responsabilidades, te da paciencia.
La práctica de yoga, ayuda a unificar tu cuerpo y tu mente, se que puede sonar cliché, pero es cierto los asanas (posturas de yoga) logran no solo ayudar a tu cuerpo a ser más fuerte y flexible, sino que te ayudan a concentrar y relajar tu mente, por un momento solo eres tú con tu cuerpo nada más.
Lo que más me gusta del yoga, es que no tiene edad, puede hacerlo cualquiera desde ancianos hasta niños, no es competitivo ya que todos tenemos un ritmo y un tiempo para lograr nuestras asanas. Realmente les recomiendo la práctica, yo aun estoy comenzando y aprendo cada día más.
Dedíquese una hora, una hora para su cuerpo, su mente y su espíritu
Namaste!!