Tan dulce en la penumbra como en la alegría
se va durmiendo la tarde, sino las madrugadas llaman.
Yace el cuerpo inerte, inmerso en miles de recuerdos
en el nido ardiente del pecho, bajo el llanto de verano
el corazón no cesa de latir, se sufrir y quebrarse.
Tan dulce en la penumbra, pero mas en las alegrías
es el aroma de mis colonias en el tiempo
mientras el cielo aguarda por mis bellos cantos a la luna.
Un leve temblor de mis piernas cuando ese sentimiento
De tristeza toca la puerta.
En lo más profundo de mi sangre, en lo mas recóndito de mi mente
al acecho en la penumbra, y la soledad ,allí siempre presente, me acompaña
el ángel funerario de la pena, el cual habita en mi, incrédulo de lo que yo he de sentir.