No soy de las que fijan tradiciones anuales, rituales o cosas como esas, pero me declaro culpable de tener ciertas costumbres inquebrantables (eso es una tradición, tos, tos) cada vez que comienza el año, una de ellas es leer Manual para subir montañas.
Creo que hay un gran número de lectores que, como yo, llegó a pensar que Paulo Coelho era el epítome del mundo de la literatura y que no había hombre más sabio, culto ni mejor escritor que él.
Quiero aclarar que no lo considero un mal escritor ni nada por el estilo, simplemente mi gusto cambió y sus obras ya no encajan en lo que suelo leer. Si a alguno de ustedes disfrutan de su trabajo, felicidades. Como dije, yo también pasé por esa etapa solo que se me curó leyendo a otros autores y demás. Ugh, sigue sonando ofensivo pero desde el fondo de mi corazón, no es con mala intención.
Bueno, precisamente de esos tiempos me quedan algunos libros y hay uno que es una recopilación de breves relatos del cual quiero compartir uno con ustedes, es el siguiente:
MANUAL PARA SUBIR MONTAÑAS
a. Elige la montaña que deseas subir.
No te dejes llevar por los comentarios de otros, como “aquella es más bonita” o “esta es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y mucho entusiasmo para lograr tu objetivo, por lo que eres el único responsable y debes estar seguro de lo que haces.
Muchas veces, se ve la montaña desde lejos: bella, interesante, llena de desafíos, pero, cuando intentamos aproximarnos, ¿qué ocurre? Las carreteras la rodean, hay bosques entre tú y tu objetivo, y lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por tanto, prueba todos los caminos y senderos, hasta que un día estés delante de la cima que pretendes alcanzar.
c. Aprende de quien ya camino por ahí.
Por más que te consideres único, siempre hay alguien que tuvo ese mismo sueño antes y acabó dejando marcas que pueden facilitar la caminata: lugares en los que colocar la cuerda, senderos, ramas rotas para facilitar la marcha. La caminata es tuya y la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.
d. Los peligros, vistos de cerca, son vencibles.
Cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a tu alrededor. Hay despeñaderos, claro. Hay grietas imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven escurridizas como el hielo, pero, si sabes dónde colocas el pie, notarás las trampas y sabrás rodearlas.
Claro que es necesario tener un objetivo fijado: llegar a lo alto, pero, a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas y no cuesta nada parar de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama circundante. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos: aprovéchalo para descubrir cosas que aún no habías advertido.
f. Respeta tu cuerpo.
Solo consigue subir una montaña aquel que presta al cuerpo la atención que merece. Tienes todo el tiempo que la vida te da, por lo que debes caminar sin exigir lo que se te puede dar. Si andas demasiado deprisa, acabarás cansado y desistirás a la mitad. Si andas muy despacio, puede caer la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de las frutas que la naturaleza te da, generosa, pero sigue andando.
No te repitas todo el tiempo “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe, lo que ésta necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte y alcanzar el cielo. Una obsesión no ayuda nada a la búsqueda de tu objetivo y acaba privándote del placer de la escalada, pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, porque esto te hará perder la fuerza interior.
h. Prepárate para caminar un kilómetro de más.
El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que piensas. No te engañes, ha de llegar el momento en que lo que parecía cerca esté aún muy lejos, pero, como estás dispuesto a llegar lejos, eso no llega a ser un problema.
Llora, da palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allí arriba purifique tu mente, refresque tus pies sudados y cansados, abra tus ojos, limpie el polvo de tu corazón. Qué bien: lo que antes era solo un sueño, una visión distante, ahora es parte de tu vida, lo has conseguido.
j. Haz una promesa.
Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías y dite que a partir de ahora la usarás durante el resto de tus días. De preferencia, promete también descubrir otra montaña y partir hacia una nueva aventura.
k. Cuenta tu historia.
Sí, cuenta tu historia. Da tu ejemplo. Di a todos que es posible y otras personas sentirán entonces el valor para afrontar sus propias montañas.
Manual para subir montañas. Relato extraído del libro “Ser como río que fluye” de Paulo Coelho, que contiene una recopilación de reflexiones escritas, y algunas publicadas en distintos medios, durante los años 1998 y 2005.
En fin, a propósito de los nuevos comienzos, expectativas, ganas de echarle a la vida y muchas buenas energías que siempre acompaña el inicio de un nuevo año, me gusta tener esa reflexión presente en mi corazón para trazar mis metas y proyectos. Aunque descritos de una manera algo peculiar, son consejos de lo más útiles y buenos. Dignos de apreciar.
Sin nada más que agregar, me despido. Espero que les haya gustado tanto como a mí esta pequeña y linda reflexión, y si lo desean dejen algún comentario.
Feliz día, pásenla bonito.
Hasta pronto.
Xo.
PD: ven que no era nada ofensivo contra Paulo Coelho:(
K, bye.
NOTA: Las fuentes de cada foto están hipervinculadas con las mismas, con el fin de cuidar y mantener la estética de la publicación.




