Yo admiro a un escritor. El escritor común como tú y yo. Que está allí sentado pensando y ¿Ahora de que escribo?
Pero más insólito me resulta, que yo este escribiendo aquí y tenga la pila de platos allá en el fregador.
Escritor que se sienta allí, en su silla frente a la computadora, su máquina de escribir o simplemente con su pluma, plasma sus pensamientos uno tras otro haciendo memoria de su día a día y a veces de su pasado infinito.
Hay que tener voluntad para sentarse y soltar en aquella pantalla los acontecimientos del día, del pasado y hasta de un futuro inventado.
No es fácil, de verdad, pero cuando comienzas, coges la idea y te vuelves un torrente de pensamientos que no logras detener. No quieres que te interrumpan, puede enfriarse el café, no deseas sacar tu mano de las teclas.
Pero qué pasa cuando eres una mortal ama de casa y tienes que detenerte, hacer mil interrupciones para echar la ropa en la lavadora, lavar los platos y regar las plantas. ¡Ah¡ y mi perrito Nano quiere su comida también. Lograras retomar las líneas otra vez.
Y cuando logras llegar a un final; ya sea feliz o no tan feliz, te toca pulir aquel lienzo de letras, aquella “obra maestra” tal vez logres descansar tu mente.
Sigo admirando la constancia con que escriben algunos y la facilidad con que escriben otros.
A pesar de que tienes tu obra casi armada, te brinca la mente con un ¿Que cocinaras mañana? Dios no he sacado el pollo a descongelar.
Yo particularmente cargo un lápiz y papel para anotar cualquier pequeña idea que irrumpe a media mañana y no perderla en la marañas de actividades del día. Recordarla más tarde será más fácil para esta vieja mente.
Solo el escritor sabe lo que es estar bloqueado y no saber de qué escribir. Solo esta viejita mente sabe lo que es tener tanta información y no saber dónde detenerla.
También he vivido el borrón y letras nuevas. Muy doloroso también pero a veces necesario cuando lo que está allí no es lo que querías hacer.
Para un escritor su obra nunca está completamente terminada, por eso cierra sus páginas y no la vuelve a retomar, porque la podría cambiar mil veces más.
Esos escritores no tienen los platos sin fregar y la comida esperando ser preparada. Si lo siento no me estoy quejando otra vez, si por enésima vez tengo que levantarme a sacar la ropa de la lavadora.
Porque nosotras las escritoras de steemit también somos (almas mortales) perdón amas de casa normales.