Corría los años setenta y todo libro que caía en mis manos los leía. Desde la revista selecciones, mecánica popular (aunque no entendiera nada, los carros eran bonitos), libros de karate, libros de ciencia, Julio Verne y sus viajes al centro de la tierra y al fondo del mar.
Pero había un libro que por mi edad se supone no tenía que leer; el tercer ojo y su autor Lonsang Rampa.
A hurtadillas lo leía, pedacito a pedacito, a veces olvidaba la página y volvía a repetir algunas páginas, hasta que me cacharon leyéndolo. Mi tía Ángeles entendía mi inquietud de lectura, era como una esponja nueva con todo un mundo por aprender. Pero a mi madre aquella lectura no le parecía correcta.
Así que se encontró ante un dilema, dejarme a puerta abierta, decírselo a mi madre y hacerse responsable de las consecuencias en mi mente de su lectura o sacar ese libro de la casa. Tomo una buena decisión: deja que lo lea yo le orientare en las preguntas e inquietudes que le surjan.
Mi madre solo decía pero eso es otra religión, es ocultismo no me parece correcto, mi hija es católica y lo seguirá siendo. Ante la posición obcecada de mi madre mi tía Ángeles se volvió cómplice de mis lecturas ocultas.
El tercer ojo solo abrió una puerta a un mundo que no conocía, viajes astrales, aura, todo un mundo espiritual que intuía que existía más allá pero del que nunca había escuchado.
Intente ponerlos en práctica, me acostaba, hacia la relajación y respiraciones, pero siempre me despertaba con la sensación de caída libre. Tenía miedo. Fruncía los ojos tratando de ver el aura, pero nada. Me frotaba donde se supone que estaba el tercer ojo, claro sabía que a Rampa le habían realizado una operación para abrir el tercer ojo, que ilusa yo creer que frotándolo se abriría.
Me sentí muy desilusionada cuando muchos años después publicaron que Lobsang Rampa era un fraude, que nunca había pisado el Tíbet, que todo había sido una creación ficticia de la mente del escritor. Sus últimos libros eran respondiendo preguntas a seguidores en un tono malhumorado y en donde según su gata le dicto telepáticamente sus últimos libros.
Quién fué Lobsang Rampa
El verdadero introductor del budismo tibetano entre el público occidental fue en los años cincuenta este ex-fontanero británico que se reclamaba reencarnación de un lama.
Parece como si defensores y detractores sólo coincidieran en algo: en correr un tupido velo sobre su memoria. 'No pienso que fuera cien por cien auténtico, resume Philip Porter, pero no hay duda de que fue alguien extraordinario'.
Un tema muy impactante en la época fue el del aura humana, algo hoy plenamente aceptado entre miles y miles de personas. En 'Crepúsculo' cuenta la historia de un tal doctor Kilner que con rayos X habría establecido la existencia real de aura pero que se vería forzado por sus superiores a abandonar sus investigadores. Rampa por vez primera se atreve a formular la idea hoy tan extendida en las medicinas complementarias de que un examen del aura permite diagnosticar y hasta curar las enfermedades.
Les gusto el tema
¿Alguna vez oyeron hablar de Lobsang Rampa?