Esto no es fantasía, es nuestra vida.
Somos los personajes
que invadieron a la Luna,
que no pueden detener sus computadoras.
Somos los dioses que pueden deshacer
el mundo en siete días.
Ambas manos son detenidas al mediodía.
Comenzamos a vivir por siempre,
en cuerpos adelgazados, cuerpos de aluminio
con números escrito en nuestras espaldas.
Marcamos nuestras palabras como Muzak.
Nos escuchamos los unos a los otros a través del agua.
El género está muerto. Inventa algo nuevo.
Inventa a un hombre y una mujer
desnudos en un jardín,
inventa a un niño que salvará al mundo,
un hombre que carga a su padre
fuera de una ciudad en llamas.
Inventa una madeja de hilo
que guíe a un héroe a un lugar seguro,
inventa una isla donde él abandona
a la mujer que salvó su vida
sin algún remordimiento por su traición.
Invéntanos como éramos
antes de que nuestros cuerpos brillaran
y dejáramos de sangrar;
inventa a un pastor que mata a un gigante,
una chica que crece convirtiéndose en un árbol,
una mujer que se reúsa a volver
a darle la espalda a su pasado y es convertida en sal,
un joven que le roba su primogenitura a su hermano
y se vuelve la cabeza de una nación.
Inventa lágrimas reales, amor difícil,
palabras ancestrales, dichas con lentitud,
difíciles como los primeros pasos
de un niño atravesando la habitación.
LISEL MUELLER
Foto: Inge Morath