Lo que pensamos acerca de las cosas, lo que expresamos, la manera en que reaccionamos dice mucho acerca de nosotros. Muchas veces no se concientiza la forma de responder a lo nuevo, lo inesperado a veces puede llegar a paralizar.

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El pasado sábado en horas de la tarde, me encontré en una panadería a un amigo que tenía mucho tiempo sin ver, se llama Jesús, quién después de hacer una cola de unos 30 minutos o más para comprar pan regulado, justo al llegar al punto de despacho, le anuncian que se acabó el pan.
Nos pusimos a conversar, y le pregunté porque no llevaba del otro tipo de pan que no es regulado me contestó:
“Me niego a pagar ese precio, no lo voy a pagar”
Luego seguimos conversando sobre las elecciones que se celebrarían en el país al día siguiente, hablamos sobre la familia, dos de sus hijos se fueron del país, luego hablamos de negocios, de dos que tenía tuvo que cerrar una distribuidora de productos de belleza y el otro lo mantenía a duras penas, luego hablamos de la economía, la crisis, hubo un momento en que me dijo, también vendí mi camioneta, no puedo pagar el litro de aceite que está tan caro, ni hablar de los cauchos.
Aprecio a Jesús, sostuvimos excelente relación de amistad y negocio años atrás, hoy en medio de la crisis venezolana lo noté muy afectado en lo personal, emocional y también la salud. Quienes vivimos en Venezuela estamos viviendo un proceso complejo, como nunca antes.
Empresas que cierran operaciones como la Kellogs que es el caso más reciente y noticioso, después de 6 décadas decidió cerrar, no debe haber sido una decisión fácil, pero sí necesaria.

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Familias que se separan porque los más jóvenes cruzan las fronteras buscando porvenir y poder ayudar desde afuera a través de remesas a sus seres queridos. Personas que están enfermas y no pueden o no consiguen las medicinas
Ante esta situación miles de expresiones pueden llegar a nuestros labios, o pasarnos por la cabeza, desde un:
“No sé qué hacer”.
“Los precios nos van a matar”.
“Me siento vacío sin mis hijos”.
Sin mencionar que a veces no se expresan de manera tan cortes como estás, sino que se expresan a través de groserías, improperios y gestos que comunican a gritos sobre nosotros, sobre nuestro mundo interior.
Todas esta reacciones son energías concentradas que no encuentran salida, están atrapadas por lo juicios que hacemos acerca de las circunstancias que nos suceden. Lo que el ser humano hace en ese momento es buscarle significado a lo que le sucede a través de sus propios juicios.

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Estos juicios lo que hacen es buscar las razones por las cuales le suceden las cosas, en ocasiones a los juicios se les da un significado permanente:
“Esto se acabó, no hay nada más que hacer”
Otros le dan significado en relación al tiempo:
“Estoy pasando un mal momento, no es como antes”
Son muchos los tipos de juicios que se pueden ejemplificar, sin embargo lo más importante aquí es tener claro que cuando hacemos estos juicios en los que buscamos las supuestas razones que originan el estado actual de las cosas, lo que realmente estamos haciendo es alejarnos de las posibilidades reales de hacer un cambio en la vida.
Si nos quedamos anclados con ese tipo de pensamientos que nos limita, lo que verdaderamente estamos haciendo es eliminando la posibilidad de transformar la situación actual. Podemos optar por buscar alternativas de tal modo de crear la realidad que deseamos para nuestra vida.
Los pensamientos, el lenguaje y la realidad son como una especie de arcilla a la que se agrega agua para convertirla en una pasta o masa que se puede moldear para que se le vaya dando la forma deseada.

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Se requiere apertura y flexibilidad para salir de nuestro muro de creencias para sostener una sana conversación con nosotros mismos, con ese dialogo interno donde automáticamente desde lo más profundo del inconsciente surgen las respuestas automáticas. Tenemos la libertad de elegir, editar, modificar, mejorar, cambiar lo que en primera instancia sale a flote en nuestras mentes.
Tenemos la capacidad de reprogramar nuestros pensamientos, nuestra forma de expresarnos desde un plano más consciente, en atención plena. Cada vez que nos expresamos hacemos peticiones, declaraciones, ofertas, promesas y declaraciones al universo a través de formas pensamientos que serán devueltas a quien las emite.
Todos podemos redefinir las interpretaciones que le damos a los acontecimientos para lograr una vida más plena y llena de satisfacciones. Como lo mencioné al principio del post, las crisis nos pueden ir llevando progresivamente a estados de desesperación, temores ante la incertidumbre e incluso paralizarnos.
Pero no podemos quedarnos allí instalados en el pesar ya que no solucionaremos nada, las crisis no son permanentes, se presentan en la vida y tienen un propósito, son más bien un desafío que nos permitirá ser una mejor persona, hermano, vecino, pareja, o en cualquier otra dimensión humana.

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No es tanto lo que sucede afuera, es la forma en la que interpretamos lo que nos sucede. Es importante detenerse y hacernos algunas preguntas:
¿Qué tiene de bueno esta crisis para mí?
¿Qué lecciones me ha enseñado?
¿Cómo manejo ahora mis recursos?
¿Dónde pongo mis prioridades?
¿En que he mejorado?
Estoy seguro que encontraremos respuestas con las que ampliaremos y mejoremos nuestra forma de pensar en muchos aspectos. Empecemos con nosotros, cuando ante una circunstancia díficil que se nos presente, venga a nuestra mente un pensamiento que nos bloquee o limite, vamos a plantearnos otras opciones diferentes, las vamos a encontrar, tan sólo recurriendo al sentido común, la creatividad e imaginación. Saldremos adelante.
Fuente:
Historia personal
Salomón Castellanos
