Apenas habían pasado unos 20 minutos de la transmisión del programa radial dominical en el que estaba como invitado para hablar sobre los eventos inesperados que suceden e impactan en nuestra vida, cuando ya se estaban recibiendo numerosas llamadas y mensajes haciendo preguntas sobre el tema.
Muchas llamadas de la audiencia y mensajes describiendo diversas situaciones de índole personal, pareja, trabajo, económico, salud y espiritual. Varios de esos mensajes se referían a la situación que se vive en Venezuela, adultos mayores que se quedan en el país mientras los más jóvenes salen en la búsqueda de oportunidades.
Algunas de estas personas no saben cómo manejar la situación, ni los que se quedan, ni los que se van. Se han constituido algunos grupos de apoyo mutuo que se reúnen en la iglesia, o en el hogar de alguien para cumplir ese objetivo. También se forman grupos por whatsapp en los que se intercambian mensajes de optimismo y fe.
Aunque todas esas iniciativas ayudan y son buenas, nos trae una gran pregunta:
¿Estamos preparados para esto?
Definitivamente no estamos preparados, y no es que se trate de una situación particular por lo que se vive en Venezuela, es una situación generalizada, se vive en el mundo entero:
No estamos preparados para la vida.
“De repente nos dimos cuenta que en el país de la oportunidades, ya las cosas no eran como antes”
¿Cómo manejarnos ante lo nuevo?
Todos venimos de una familia, recibimos educación formal, aprendimos en la calle, pertenecemos a una sociedad donde se nos prepara para desarrollar competencias profesionales, aprender un oficio, desarrollar un negocio, formar una familia, que van definiendo nuestra personalidad, nuestra forma de ser, pensar y sentir. Nos preparamos en lo externo para ocupar roles, pero no en lo interno para saber y conocer sobre nosotros mismos.
¿Por qué soy como soy?
¿Por qué respondo ante las situaciones de esta u otra manera?
De dónde vienen mis miedos, excusas, negaciones y juicios acerca de lo que me acontece. Se vive una y otra vez la misma experiencia, de repente pienso que no hay empresa buena, que se quieren aprovechar de mi talento y esfuerzo. Puedo llegar a pensar que los hombres no sirven, lo que se traduce en separación tras separación sin concretar una relación estable.
Sin darme cuenta vivo mi vida cumpliendo las expectativas de otro, sin atender mis propias necesidades, que van dejando una gran brecha y vacío, entre lo que pienso que soy hoy, y lo que realmente quisiera ser.
Eso pasa en Venezuela, México, Rusia y en el lugar más recóndito del planeta, pasa todos los días, lo que sucede es que cuando un evento afecta a toda una población de una u otra forma se hace evidente que no estamos preparados para enfrentar la vida con todos sus bemoles.
La quiebra de un negocio, un accidente inesperado, el diagnóstico de una enfermedad, se vive en un núcleo pequeño, la familia y allegados. Cuando lo que me pasa a mi te pasa a ti también, estamos en otro contexto más amplio.
Tanto para contextos pequeños, como para contextos más amplios, independientemente del camino que se tome, ya que hay muchos caminos hacia el autodescubrimiento, hay que dedicarse a hacer la principal tarea que nos corresponde, conocernos a nosotros mismos.
Lo que llamamos nuestra personalidad, es un tejido complejo de experiencias y aprendizajes que se han ido forjando a lo largo de la vida, nuestra historia personal. Cada vez que tenemos una experiencia, sea esta nueva o que se repita, automáticamente buscamos la respuesta en esa historia personal, en lo de siempre, lo conocido, en consecuencia estamos siempre buscando entre las mismas alternativas que hemos venido manejando.
Para obtener resultados diferentes hay que hacer cosas diferentes, el punto está en cómo hacerlo. Hay cosas nuestras que no podemos ver, es como intentar vernos la espalda. Cuando nos damos cuenta que algo en nuestra vida no está funcionando o pudiese ser mejor es conveniente buscar apoyo de alguien que te ayude a ver lo que no puedes ver.
Para pensar lo que ahora no piensas, y puedas darte cuenta de lo que no te das cuenta, pues nuestras propias historias nos engañan, hay que salir de allí para descubrir lo nuevo, enfrentar los miedos que nos son propios, como por ejemplo el miedo a equivocarme, a no hacerlo bien, el miedo a tomar una decisión.
En ese instante que me enfrento a mis miedos, está comenzando un proceso de transformación, ya que estás viendo aquello que no veías, te das cuenta de los recursos que tienes o no tienes, si algo se te hace fácil o complicado. Cuando entras dentro de ti, observas quien eres como ser humano. Te conectas con tu única verdad.
Sólo cuando conectas contigo mismo podrás saber dónde estás y hacia dónde te tienes que mover, para ser lo que deseas ser. Luego el camino será todo tuyo, para que sigas explorando y descubriendo nuevas facetas de ti.
No hay diferencias para descubrir quien somos realmente, no importa que tengas conocimientos o doctorados, no importa que tengas riquezas o no las tengas, no importa el país donde vives, o la religión que profeses, no importa que seas un joven que comienza la vida o un adulto mayor … todos saben que siempre podemos ser mejor de lo que somos. No importa lo que sucede afuera, lo que importa es lo que sucede dentro y como respondes ante ello
Más que buscar respuestas, que tal si nos hacemos más preguntas.
¿Estamos preparados para vida?
Fuente:
Historia personal.
Alas de Libertad
Salomón Castellanos
Año 2004