Hoy de regreso a casa me encontré en toda la entrada del conjunto residencial donde vivo en Maracay – Venezuela este majestuoso árbol engalanado, hermoso, imponente. Dios dibujando para nosotros sus acuarelas, hoy su belleza maravilla.
Este árbol se la pasa durante casi todo el año vestido de hojas verdes las cuales se van cayendo progresivamente hasta quedar completamente desnudo y llega a pasar desapercibido, yo paso todos los días al frente de él, pero hoy detenerse era inevitable para conservar una imagen.
Después del verano, cuando completamente desnudo se encuentra, después de pasar tanto calor cuando empiezan las primeras lluvias la madre naturaleza nos da este regalo.
Ese esplendor amarillo durara pocos días, mientras eso sucede los pájaros lo visitan para deleitarse en el néctar de sus flores, las abejas se acercan y lo polinizan, la gente los contempla, todo un ecosistema en una danza viva.
Frente a mí un milagro, y así todos los días suceden milagros, podemos aprender a vivir en sintonía con los milagros, cuando estamos atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, todos los días, a cada instante, cuando llueve, cuando cae la noche o amanece, cuando nace un niño … cuando respiramos y nos hacemos conscientes que esa respiración es vida, cuando late tu corazón.
Hoy honro a la naturaleza, al Árbol Araguaney, nuestro árbol nacional en Venezuela que estará embelleciendo campos, montañas y carreteras de nuestra querida patria.
Cuando tomo conciencia del milagro amarillo, me pregunto:
¿ Realmente que significa? Y a mi mente llega una respuesta: