La inspiración para escribir un Post puede provenir de muchas fuentes, sólo debemos estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor, y lo que sucede en nuestro interior, ser conscientes de como una cosa se puede conectar con otra así parezca inverosímil o insólito.
Cuando buscamos conexiones entre un tema y otro, siempre las vamos a encontrar, por ejemplo como me conecto yo contigo a través de este medio sin conocernos, como se conecta lo que tú haces con lo que yo hago, o como se conecta lo que nosotros dos hacemos con un chino caminando por las calles de Caracas.
Todo está conectado, desde el mundo microscópico al mundo macroscópico y mucho más allá.

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Hoy en mis labores habituales me encontré con el Dr Girón quien daría un curso en nuestras instalaciones, Maracay Business Center, sobre Terapia Neural, que es un tratamiento que se hace en forma holística a través del sistema nervioso como integrador de todos los órganos y tejidos del cuerpo, se fundamenta en que no es una parte del cuerpo la que se enferma, es todo el SER el que se enferma, de tal modo que se aborda la terapia tratando al SER en su totalidad.
Cuando nos saludamos le pregunté:
“¿Cómo está todo Dr Girón?”.
A lo que me respondió:
“Bueno, en la calle la cosa no está fácil en Venezuela, pero estoy activo”
Entonces le respondí con una frase que llegué a escuchar a mi abuela cuando pequeño, quizás tendría yo unos 5 o 6 años de edad, y en ese entonces muchas frases quizás no tenían sentido para mí, pero cual loro parlanchín voy repitiendo durante mi vida, una y otra vez.
Le dije al doctor:
“Me alegra que esté activo, la vida es como la Jalea de Mango”

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Amablemente él me preguntó:
“¿Y cómo es eso que la vida es como la Jalea de Mango?”
No sé qué significado tendría para mi abuela esa expresión, no tuve la oportunidad de preguntarle, ni me surgió la curiosidad, hasta ahora que han pasado 49 años desde que partió de este plano terrenal, y que el amigo Girón con su pregunta me puso a pensar al respecto.
Empecé a narrarle mi apreciación, en función de la forma habitual en la que la utilizo. Cada vez que mi abuela tenía que salir de la casa a hacer una diligencia con una vecina, o ir al abasto me decía:
“Mijo ahí deje montada la olla con la jalea de mango en la cocina, con el fogón bajito, dele vueltas con la paleta de madera, no se quite de ahí, cuidadito si se me llega a quemar”

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Ese “cuidadito”, que era más bien algo así como “cuidaiiito” lo conocía muy bien, y válgame Dios si se llegaba a quemar, ahí no valía Santa Lucia.
Llegué a la conclusión que cada vez que mi abuela decía:
“La vida es como la Jalea de Mango”
Ella se estaba refiriendo a que en la vida debes estar ahí, atento a lo que se te encomendó, estar en movimiento, pues si no se mueve la paleta se quema la jalea, y si sé quema la jalea ya sabes lo que te espera.
Si le das a la paleta al ritmo que la abuela decía, con el fuego lento, vuelta y vuelta, una y otra vez, con paciencia, en su tiempo, en su momento, a la temperatura indicada, tendrás al final un delicioso manjar.

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Allí no termina todo, pues como muchacho al fin, quería meter la cuchara al final de la cocción para raspar los restos que quedaban aún humeantes en ella. Y de repente la abuela me atajaba:
“Mijo, todavía no, te va a dar diarrea”.
Otra lección más aprendida de la abuela, ahora hay que esperar que se enfríe y cultivar el valor de la paciencia, esperar a que se ponga a punto el dulce, después de dejarlo reposar y luego meter en la nevera.
Pasado ese largo tiempo de espera para los muchachos de la casa, mis hermanos y primos si podíamos disfrutar tan rico manjar, la Jalea de Mango de la Abuela.
Como niños recibimos a diario miles de mensajes y ordenes que se van grabando en nuestra mente, como padres, maestros, hermanos y personas influyentes en la educación de los pequeños, también damos mensajes y ordenes, que tendrán un impacto sobre ellos.

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Que tan conscientes estamos de ello cuando le decimos a un niño:
“Es que no sabes escoger las papas”
“Tu sí que eres flojo”.
“Saliste igual a tu papá, que parece una gaveta”
Que diferente sería si les dijéramos:
“Hijo, ven vamos a escoger las papas, para que observes cuales son las mejores”
“Ven acá hijo, para que hagamos esto”
“Lo que hiciste no está bien, y te voy a mostrar otra forma de hacerlo”
Estamos programando en forma permanente, fijando patrones que quedaran allí, no importará tu intención, lo que importará al final será la forma en que ese pequeño se hizo un juicio acerca de algún aspecto de la vida, patrones de vida.
Lo más cumbre es que luego cuando esos niños ya son hombres o mujeres, con su libre albedrio toman decisiones y acciones que nos llegan a sorprender llegamos a decir:
“¿Y este muchacho a quien saldría así?”
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Mi historia de vida
Salomón Castellanos
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