Muchos asumen –Erróneamente- que un psicólogo debe ser el ejemplo de rectitud, perfección y equilibrio. Que un psicólogo no puede enojarse o decir cuanta grosería se le ocurra, muchos creen –incluso psicólogos- que nos debemos a otros, a la sociedad, y por ello debemos comportarnos lo mejor posible en cada situación.
Atento, empático, respetuoso, responsable, astuto, sensible, objetivo, positivo, comunicativo, inteligente, humilde, auténtico e infinidades más de cualidades son las que aseguran en libros y manuales que debemos poseer no solo dentro de la consulta –O el ámbito donde se desenvuelva el psicólogo- sino también en su día a día. Pero… ¿Dónde dejan el componente humano, la humanidad?
Los psicólogos tenemos derecho a enojarnos, a sentir molestia e incluso explotar de vez en cuando, tenemos derecho a no querer atender a un paciente/cliente, a quedarnos en casa y dormir todo el día, a salir con amigos y festejar nuestro éxitos, a llorar, a sentirnos confundidos, frustrados o perdidos –aun dentro de un proceso psicoterapéutico- a ser egoístas y tener un poco de malicia, a decir NO cuando no queremos hacer algo, a enfermarnos, enamorarnos, perdernos, encontrarnos y volvernos a perder las veces que sean necesarias, cambiar y reinventarnos, los psicólogos no estamos obligados a caerle bien a todos, a tener siempre un buen día y a ser perfectos, pero sí estamos obligados a ser humanos y auténticos, y eso es precisamente lo que implica la humanidad, poder sentir y conectarnos con nuestra realidad y también con la de otros, es permitirnos ser, sentir y estar.
Captura de pantalla tomada del Libro "Ayúdame-Más allá de la auto ayuda"
Quiero compartir con ustedes estas líneas que leí y las cuales considero que encajan como anillo al dedo, creo que aplica tanto para pacientes/clientes como para psicólogos. Pueden encontrarla en el libro “Cartas para Claudia” de Jorge Bucay, es un libro maravilloso, luego les hablare de él.
Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten.
Quiero que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas que HOY contás conmigo...
Sin condiciones.
-Jorge M. BUCAY
Gracias por leerme