El amor es un sentimiento que obviamente se relaciona con el sentir. ¿Sentir qué? Quizá regocijo por la simple existencia de otra persona o no: Lo amado. O ¿Quizá disfrute de compartir con lo amado?
Lo primero hace referencia a la acción de “amar” que es independiente de “Ser amado”, es decir, que mi amor no depende de que lo amado esté a mi lado o se vaya, no me aferro, no manejo, no presiono, no poseo.
De modo que, a diferencia de lo segundo: Amar, finalmente es la aceptación total del otro.
“Sólo cuando percibo tu aceptación total, entonces, puedo mostrarte mi Yo más suave, mi yo más delicado, mi yo más amoroso (y sobre todo), sólo entonces puedo mostrarte mi yo más vulnerable". Carl Rogers
Lo que me lleva a pensar que muchas veces confundimos el “Amar” con estar enamorado, querer y necesitar, cosas que son completamente distintas a: Aceptar completamente al otro.
Necesitar implica imprescindibilidad, como el oxígeno: necesario para vivir o quizá el agua –Aunque es claro que podemos sobrevivir un tiempo sin agua- Pero yo no creo que se pueda necesitar a alguien. Algunas veces puede que me convenza que “Necesito” a alguien, pero me miento cuando así lo creo.
Cuando digo que necesito a alguien estoy afirmando que dependo de esa persona para sobrevivir y le obligo implícitamente a hacerse cargo de mi afecto, transformándolo de cierto como en alimento vital y por lo tanto desaparezco como persona.
Querer, del latín “Quarere” o "Tratar de obtener", implica Deseo. ¿De qué? De poseerte, de quererte para mí, de estar, de permanecer, de darme, de valorarme y de hacer que me pertenezcas.



¿Entonces lo que sentimos es amor, enamoramiento, necesidad o deseo?



¿Te preguntarás a donde quiero llegar con todo esto?

No hay nada más bonito que el amor, por eso te invito a amar sanamente, sin temores, sin rencores, sin poseer, sin presionar, sin minimizar al otro o minimizarte. Te invito a amar bonito y a dejarte amar.
Imágenes extraídas de Pixabay bajo la licencia Commons CC0. Separador de Flaticon
Gracias por leer

Cuanto digo que te quiero a mi lado para siempre; te recorto las alas, no te permito ser. Por el contrario, si te amo yo disfruto viéndote crecer las alas y disfruto viéndote volar, disfruto viéndote ser.
Y luego “Estar enamorado” que a mi parecer no tiene que ver con un sentimiento sino con una pasión. ¿Cómo? La pasión es un afecto muy intenso al cual se alcanza rápidamente; puede que en minutos, horas, días, semanas o meses, y que también rápidamente desaparece.
El Diccionario de la Real Academia Española describe pasión como una “Perturbación o afecto desordenado del ánimo” ¿Perturbadora? Si, más no implica que sea algo desagradable o displacentero, pues enamorarse es una de las cosas más bonitas de la vida.
Ahora bien, puedo amar mis pasiones, y las amo cuando me doy cuenta que no las necesito, ni las quiero conmigo en forma permanente; pero, me alegra poder conectarme con aquello que me enamora o me apasiona.
Hay personas que tienen miedo de dejarse llevar por sus pasiones por lo que nunca llegan a enamorarse o a odiar apasionadamente; por el contrario, también hay personas que temen llegar a “amar” y solo viven de efímeras pasiones, manteniendo relaciones cortas de semanas o meses y poniéndole termino cuando sienten que esa pasión se acaba.
En la actualidad hay muchos apasionados y no sólo al tan llamado “Amor”, también a las drogas o situaciones peligrosas. ¿Por qué? Porque son capaces de generar en nuestro organismo una gran carga de ADRENALINA y DOPAMINA que nos hace sentir placenteros, pero por puesto son también efímeras pasiones, aunque más peligrosas y contraproducentes.
Si tuviera que elegir diría que lo ideal es enamorarse con toda la intensidad que se es capaz y cuando la pasión disminuya dar paso al sentimiento, cambiando intensidad por profundidad: No es más, sino mejor. Permitiendo que ese sentimiento sea amor, no sólo querer y nunca necesitar. Reenamorandonos una y otra vez.
Muchas veces queremos o creemos estar seguros de saber lo que el otro siente, pero ¿Qué nos motiva a querer saberlo? Quizá sea el intento vano de reasegurarnos que somos queridos, amados o necesitados. ¿Y para qué nos sirve eso?
Hay situaciones donde te quieren o te aman mucho, pero tú no te sientes querido o amado; por el contrario, otras veces alguien que te quiere muy poco o nada, pero tú te siente completamente querido o necesitado. ¿Cambiaría algo saber todo eso? Por lo que en este caso lo único válido es lo que sientas tú.
Lo que sucede es que creemos que el otro nos quiere o nos ama cuando no los demuestra, cuando responde a nuestra forma de amar. Pero, ¿Qué diferencia hay entre hacer, mostrar y demostrar?
Mostrar es hacer algo evidente, para que otro u otros lo vean. Demostrar es querer probar o comprobar que algo es de una manera u otra para que alguien lo crea.
De este modo suponemos que la otra persona no ve o no cree y creamos un prejuicio. Cuando la relación esta fuera de este prejuicio me permito ser y sentir de manera íntegra sin importar si me ves o me crees. Pero cuando intento hacer que veas o que creas no estoy siendo fiel a lo siento porque trato de condicionarme y de condicionarte.
Lo que sucede es que el otro tiene todo el derecho de ver y creer lo que quiera, al igual que yo. Además, ¿Qué me asegura que no ve o no cree? Esto entonces no es más que una proyección, donde yo en tú lugar no veo o no creo.
Pues esta no es más que ver de otra forma, quizá un poco más clara la dependencia emocional que se manifiesta en las relaciones de pareja, familia o amistad, donde el dependiente se somete, idealiza y magnifica al otro: el ser amado.
Estas relaciones están cargadas de inestabilidad, desequilibrio malestar y sufrimiento donde los dependientes poseen una necesidad excesiva de afecto y de ser queridos y tratarán de conseguir este afecto a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. Necesitan que les demuestren que son queridos para sentirse bien.
Por supuesto esta no es una forma sana de relacionarse con los otros, puesto que el dependiente demanda y exige afecto continuo, se deja de lado y se disminuye hasta desaparecer con tal de sentirte reconocido por el otro.