Otra noche más donde no recibo respuesta, otra noche más donde me derrumbo en la agonía de encontrarme perdido, otra noche más donde no logro acostumbrarme a esta soledad tan profunda que me aplasta y se apodera del más mínimo destello de alegría. Cuando decidí realizar este viaje creía conocer los eventos a los que iba a enfrentarme, ahora, sé que 10 años en la escuela para pilotos no habían hecho más que entorpecer las pocas habilidades con las que contaba, esas que desde mi nacimiento había adquirido. En la academia nos habían enseñado a ser completamente rígidos e insensibles, debíamos permanecer concentrados y los sentimientos eran un obstáculo para el trabajo que debíamos hacer. Si ahora estuviera allá y vieran en mí un pequeño rastro de duda o miedo eso habría significado permanecer recluido durante 48 horas en el calabozo, recibiendo torturas y sin poder beber ni una gota de agua; como me gustaría estar encerrado ahora, pues al lado de este inhóspito pedazo de tierra, cualquier tortura que recibiera significaría mi salvación.
Hacía mucho tiempo que me había entregado a la muerte, pero debía admitir que cada vez la noche llegaba y ese cometa pasaba sobre mi cabeza, le pedía al cielo, a los dioses o a cualquiera que pudiera escucharme que vinieran a rescatarme. Cuando la nave hizo combustión espontánea y me estrelle aquí la idea que dominaba mis pensamientos era racionar la comida y el oxígeno, así me habían entrenado y no podía, ni debía pensar en otra cosa. Semanas más tarde, al agotar mis recursos y descubrir que comenzaba a adaptarme al aire que entraba por mi boca y quemaba mis pulmones con cada respiro, en mi mente solo había una cosa, miedo.
Quería ser rescatado, necesitaba salir de ahí antes de que comenzara a desintegrarme psicológicamente, en la academia nos habían hablado de eso, era una realidad y estaba comenzando a suceder. Los débiles se quiebran, me repetía una y otra vez para mantener la calma. Tuve que aprender a sobrevivir con lo que había en ese planeta, comía todo aquello que parecía no matarme y en las noches frías, me cobijaba entre los restos de una nave olvidada, que cada día se desintegraba un poco más, pronto no quedaría nada de ella y tampoco de mí.
Ha pasado otra noche más y me siento perdido; comienzo a pensar que se han olvidado de mí y que jamás me rescataran. Hoy, 5 años después de mi infructuoso aterrizaje, he intentado comunicarme con la tierra, he enviado mensajes a todas las bases del mundo y no he recibido respuesta. Hoy, agotando mis pocas esperanzas he mirado a este cielo rojizo y he visto millones de estrellas formar figuras en el cielo, he pedido un deseo y finalmente el universo ha escuchado mis suplicas. Antes que mi voz se apague y mi cuerpo ceda les diré que, somos menos que un suspiro de piojo en este universo infinito.
Bitácora de un piloto perdido en algún lugar del espacio exterior. Agotando sus fuerzas y a punto de despegar hacia lugares desconocidos e inimaginables. En lo que parece ser el año 2222, a las 20:00 horas tierra. Fin del comunicado.
Gracias por leerme