Desde que Edmund Hillary y Tenzing Norgay escalaron el Everest en mayo del año 1953, siendo los primeros en llegar a la cima, éste se convirtió en una atracción turística para todos los amantes de los deportes extremos y la adrenalina.
A partir de entonces, en abril y julio los Sherpas dirigen recorridos para los turistas y se aseguran que estos puedan conocer el parque sin ponerse en peligro. Sin embargo, los más experimentados tienen la opción de subir por su cuenta, asumiendo el riesgo que esto implica. Eso en la mayoría de los casos eso no resulta bien, por lo que la tasa de desaparecidos y muertos aumenta en cada temporada.
Para el 2016 la gran mayoría de los alpinistas se mostraban reacios a subir la montaña sin la compañía de guías turísticos, por temor a perderse en las gélidas y vastas extensiones del Himalaya, ya que en años anteriores se presentaron avalanchas con resultados catastróficos.
Pero los más osados y entusiastas no dejaron que eso los detuviera. Tal es el caso de Jaidev Vishnu Kulkarni y Hari Nayak, dos alpinistas de la india, quienes ese año subieron la montaña asegurando que esta sería la aventura de sus vidas.
Su objetivo era llegar a los 29.029 pies de altura y, al igual que Edmund y Tenzing convertirse en una leyenda. Pero la tarea no era nada sencilla y siguiendo la misma ruta que estos transitaron, su ascensión comenzó en la zona sur del Everest, en Nepal.
Partieron desde el Lukla hasta Katmandú y atravesaron Namche Bazaar para finalmente caminar hasta el campo base, lo que les tomó 6 días enteros y un gran esfuerzo para aclimatarse.
Ya en el Valle Katmandú la experiencia comenzó a cobrar sentido para ellos, con la ayuda de cuerdas y escaleras, los alpinistas pasaron la cascada de hielo de Khumbu, dispuesta de peligrosas grietas y bloques de hielo inestables que en varias ocasiones habían acabado con la vida de muchas personas que intentaban llegar a la base II.
A partir de entonces, su travesía continuó al cruzar el Valle Galés y la pared base del Lhotse en el campo II. Siguieron la ruta hasta llegar a la base Nuptse y recorrer el Valle del silencio, lo que les hizo llegar al campo III y el campo IV en el Collado Sur, en el cual la mayoría de los alpinistas morían tratando de pasar sobre una piedra cubierta de nieve.
En el Collado entraron en la Zona de la Muerte y entonces perdimos toda comunicación con ellos. Los radios ya no funcionaban y no podíamos establecer su ubicación exacta.
Inmediatamente intentamos comunicarnos con otros alpinistas y el equipo de Sherpas de la base IV. Sabíamos que a esa altitud bastarían sólo 3 días para que murieran por falta de oxígeno, pero tras la búsqueda no pudimos hallar nada.
Kulkarni y Hari fueron dados por muertos esa semana, no había manera de que pudieran resistir a las bajas temperaturas en esa zona y, con el verano cerca no podíamos arriesgar a nuestro equipo a ser derribados por una avalancha o los fuertes y gélidos vientos de la temporada.
Sus nombres se sumaron a la larga lista de exploradores desaparecidos. Sin embargo, hoy luego de tres años, una excursión de búsqueda y rescate comandada por Sherpas ha dado con el cuerpo de Kulkarni.
El alpinista se hallaba enterrado bajo capas de nieve que comenzaban a derretirse debido al cambio climático. Parte de su rostro y brazos habían sido arrancados ferozmente, se podía detallar claramente la marca de una dentadura humana.
Por su parte, su compañero Hari permanece desaparecido.