¿Quién iba a fijarse en ella con esos ojos castaños tan claros como la miel, con esa sonrisa grande que ilumina todo el lugar y jamás parece forzada? ¿Quién iba acaso a mirarla con ese largo cabello despeinado, con ese rostro terso y pequeño, con su nariz perfilada y su boquita pequeña?
¿Quién llegaría a enternecerse con la dulzura de su voz
y la calidez de su mirada?
¿Quién sentiría admiración por su gran elocuencia
y sorprendido se haría pequeño ante su inteligencia?
¿Quién mencionaría su nombre hasta hacerla sonrojar
o se alegraría siquiera al verla llegar?
¿Quién compartiría sus gustos y se quedaría con ella
si ante la fiesta más descomunal ella mirara las estrellas?
¿Quién tomaría su mano y caminaría a su lado,
si nunca antes alguien la había cortejado?
¿Quién pensaría en ella como una mujer y
se enfrentaría al mundo sólo por su querer?
y en las noches oscuras se mantendría en vela?
¿Quién podría amarla de tal manera,
que entregaría su alma y la vida entera?
¿Quién secaría sus lágrimas y borraría el dolor?
¿Quién apartaría sus miedos y la haría soñar
o tal vez la ayudaría siquiera a caminar?
¿Quién podría admirarla o quizá quererla?
¿Quién podría fijarse en una mujer de esas?
¿Quién se entregaría con tanta franqueza
a sus dulces besos y su piel cereza?
¿Quién perdería el tiempo, también la cabeza
al mirar sus ojos y su delicadeza?
¿Quién amigo mío, sino fuera yo se atrevería a quererla?
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