Ante el fracasito económico, se han tomado algunas medidas con un escalímetro descalibrado. Se han sopesado, con una romana de palo, los pros y los contras de las profundas metidas de cascos en las que tercamente se insiste, con un afán auto-destructivo que a muchas personas llama a la reflexión, y a otras a la genuflexión.
El cuento del gallo pelón del billete de cien maravedís nos ha puesto en la palestra del humor universal. Si algo debemos reconocerle a quienes nos gobiernan, es su valentía y su falta de miedo, sobre todo su total ausencia de miedo al ridículo. Podríamos decir que su incompetencia raya en lo absurdo. Pero no. Para rayar hay que tener un borde agudo y cortante, y la cúpula que nos gobierna tiene todas las puntas romas y amelladas. No dan puntada con hilo. Cuando juegan al buscaminas, las explotan todas al primer intento, y cuando juegan al solitario, se les tranca el juego antes de barajar.
Hace poco tiempo sacaron un cono monetario que no sirvió para un cono y que, realmente, llegó tarde, mal y poco. En ese momento le quitaron tres ceros a la monedita. Deshicieron, eliminando ceros, el avance enorme que significó en la matemática universal el invento del cero por parte de los calculistas persas, retrotrayéndonos, de nuevo, al oscurantismo. Sobre todo de noche.
Como estos jerifaltes, de continuo, dan coces contra el aguijón, y se emperran en afincarse en los errores, impulsados por un vomitivo y aburrido dogma; ante otro fracasito, aun más estruendoso, que nos ha llevado a la paradoja de una hiperinflación con escasez de efectivo, no se les ha ocurrido nada más brillante que la infeliz idea de crear otro cono más. ¿Quién cono les dijo que el problema se arregla con conos?
Como ustedes saben, cuando un cono se intercepta con un plano —plano como la señal cardíaca de nuestra economía—, se obtiene, en el corte, una elipse. La elipse se parece a un ovoide pero no lo es. Adicionalmente, si el plano es en picada, como nuestra debacle, se obtiene una parábola, que es inversamente proporcional a las bolas que nos paran.
¿De donde sacó el faraón este nuevo cono? ¿Será el cono de su tía? ¿Será el cono de su hermana? ¿Será el cono de su madre? ¿Pretenden con un nuevo cono resolver mágicamente este escurridero? Hasta donde yo sé, las pirámides tienen propiedades mágicas, pero los conos no. Por lo menos no los conos que se escriben con N; que de la magia de los que se escriben con Ñ, no hay quien discuta.
Por otra parte, antes de quitarle más ceros a la moneda, ¿por qué no prueban quitarle los unos? ¿Van a obligar a los comercios a usar máquinas registradoras sin ceros?
Yo no estudié economía en Hogwarts como el concejo de sabios del que se rodea el faraón, y al que, a su vez, él rodea, pero aquí les dejo mi opinión acerca del nuevo cono y el efecto que tendrá en el venezolano de a pie:
EL NUEVO CONO
Proceso del dibujo