El proceso de trabajar con rostros desencadena inevitablemente una conexión con lo humano, que deviene en respeto, y hasta caricia, del material, como si fuera en realidad una persona.
Tomé esta foto con mi Moto e4, justo antes de vaciar el yeso.
El proceso de trabajar con rostros desencadena inevitablemente una conexión con lo humano, que deviene en respeto, y hasta caricia, del material, como si fuera en realidad una persona.
Tomé esta foto con mi Moto e4, justo antes de vaciar el yeso.