Un día se posó en una farola, frente a la pastelería. Había decidido que quería probar un dulce, aunque eso supusiera desobedecer a su mamá. Y antes de que cerrasen, se presentó para ver si era capaz de hallar, alguna rendija por donde colar su diminuto cuerpo.
Cuando oyó una campanita, que le llamó la atención. Vió un niño gordito, comiéndose un pastel con sirope de fresa. Los dientes de Vampy, se volvieron brillantes y con ganas de darle un bocado, al suculento pastel. Desplegó sus pequeñas alitas, y fué a por su objetivo.
Pero el niño que vió que algo se le acercaba hacia su comida, se dió la vuelta y se metió en la pastelería.
El pobre Vampy, se estampó contra el cristal del escaparate, rompiéndose los colmillitos en diminutos trocitos, que recogió del suelo para mostrarselos a su mamá.
Su mamá le dijo que los pusiera debajo de la almohada, que el ratoncito Pérez, le traería unos dientes nuevos. Vampy sin dientes en su boca, volvió a sonreír esperanzado. Por fín se durmió.
Su mamá enfurecida por lo ocurrido a su pequeñín, fué en busca del niño gordito. Al que encontró fácilmente por el olor de azúcar que desprendía al ser diabético.
Se coló en su habitación, por una pequeña abertura de la ventana y despertó al niño.
El niño asustado le preguntó: ¿Quién eres? ¿Y qué haces aquí?
La madre le respondió ¡Quiero tus colmillos! O me beberé tu sangre.
El niño se arrancó los colmillos y se los entregó.
La mamá volvió a su casa y se los puso, debajo de su almohada a Vampy.
Cuando despertó, Vampy estaba feliz como una perdiz por sus dientes nuevos.
Y ya nunca más desobedeció a su mamá.
No os riáis de mi dibujito 😁
Dibujo y Relato by Sashas.