Punta La Cruz: Arena, viento, mar y gratos recuerdos. | Fotografías propias
Lo importante es que este 2018 decidimos que contra viento y marea le daríamos a nuestro bebé, de un año y cuatro meses, la oportunidad de conocer el mar. Así que planificamos un viaje en familia a Puerto La Cruz, estado Anzoátegui, Venezuela, para visitar algunas de las increíbles playas del Parque Nacional Mochima.
Razón por la que debíamos tomar peñeros para llegar a estas pequeñas islas que limitan con el Caribe. Pues la única manera de conocerlas en personas es por vía marítima.
Nuestro pequeño Lucas iba en vía a encontrar dos nuevos amores: la arena y el mar. Sólo que mientras viajaba en el peñero estaba molesto por tener que llevar un salvavidas. Lo bueno es que el trayecto es de diez minutos, que pueden ser bien agitados.
Al llegar, nos recibe un muelle de madera por el que todos tenemos que pasar para finalmente entrar a la isla.
Punta La Cruz es una de esas playas increíbles que están en la vía de Guanta, y que como ya lo dije, pertenece al Parque Nacional Mochima. Es un espacio árido, de vegetación seca, con muchas formaciones rocosas. La playa delimita el espacio entre una muy clara arena y un agua traslucida, muy limpia y uniforme en el fondo.
Esta isla cuenta con algunos restaurantes, sillas y toldos para los turistas, y algunas distracciones acuáticas para hacer. Se puede encontrar bastantes sombras, entre las palmeras y sicomoros que abundan en el lugar.
Punta La Cruz monocromática.
Una de las cosas que me gusta hacer cuando voy a lugares públicos es detenerme un momento y observar qué le gusta hacer a la gente. Cómo se comportan y qué los hace diferentes o parecidos a mí. A continuación dejo dos fotografías en blanco y negro que capturan a las personas siendo como son, sin ningún tipo de inhibición.
A pesar de estar en la temporada de Carnaval, no hubo la misma afluencia de personas que en otras temporadas pasadas. Quizás por la misma crisis venezolana.
Lo que sí les puedo decir con propiedad es que la pasamos súper en familia. Y esta experiencia nos dejó las ganas de planificar otro viaje, para escaparnos de la rutina y estar simples, descalzos, riendo sin parar y atesorando recuerdos que nutran el alma.