Las recias cerdas del cepillo
arrancaban del áspero pavimento
pisadas antiguas y nuevas convertidas en
polvo
polvo que volaba
y se adhería a nuevas superficies
pisadas que volaban
y marcaban nuevos caminos
jadeo a cada vaivén
los dedos rígidos
empuñando el palo del cepillo
La mirada cansada
apenas divisaba el polvo
tampoco adivinaba las pisadas
Mil historias entretejidas
en pasos de ir y venir
terminaban en eso
apenas polvo
girando a la voluntad de la brisa
como su propia historia
a voluntad del destino
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