Karma, expiación y sufrimiento:
como el valor, se abaten cuesta abajo
en una tortura lenta y delicada
Así -del habla animal- emanan corazones venenosos
oscuras letanías antiguas, decrépitas.
No hay castigo para quien decida mojarse los labios con el agua de este río, dice el barquero encogiendose de hombros.
¿Quién podría negarse entonces?
Dándole la espalda, el lobo se relame con la boca seca: yo podría, dice, y se retira.