Paul Cézanne participó en la primera exposición de los pintores que luego recibirían el calificativo de “impresionistas” y sufrirán las más irrisorias burlas que, hasta ese momento, se habían dispensado a los artistas, con el único antecedente de las que sufriera Delacroix, genio del romanticismo y precursor de la técnica impresionista. Esta primera exposición impresionista se llevó a cabo en la sala de la Fotografía Nadar, Boulevard des Capucines 35, del 15 de abril al 15 de mayo d 1874. Cézanne volverá a participar en la tercera exposición de la nueva escuela –los impresionistas realizaron ocho exposiciones en conjunto- pero sus intuiciones lo van alejando y concentrando en una búsqueda solitaria que adquiere una dirección particular. Ya en su envío a la exposición inicial de los impresionistas, pueden advertirse algunas diferencias con los maestros ortodoxos de la tendencia. En su cuadro La casa del ahorcado, la técnica del toque dividido en la aplicación del color y la mezcla óptica casi no se le advierten en la superficie, como si el pintor hubiera controlado deliberadamente sus sensaciones cromáticas, y aplicando una superposición de capas rugosas de pintura intentara una aproximación mayor a la textura propia de la materialidad del paisaje. Esto recuerda que, en las etapas anteriores, Cézanne había demostrado sus preferencias por la obra de Courbet. Al mismo tiempo, el cuadro tiene un título muy romántico, pero su tratamiento no lo es: Cézanne reserva su “literatura” para fuera de la pintura y alcanza, mediante una severa composición, donde se advierte una intención de romper la fidelidad a un único punto de fuga, la monumentalidad del paisaje. Lo que emparenta a ese cuadro con el resto de sus compañeros en la exposición Nadar en la claridad de sus colores, la presencia del “airelibrismo”, pero su composición es aún claroscurista.
Fuente Paul Cézanne, La casa del ahorcado
Cézanne ha de librarse del claroscuro cuando invente un sistema que él denomina “equivalencias plásticas”, y consiste en remplazar el pensamiento de la luz y sombra en claros y oscuros, por cálidos y fríos. Este sencillo pensamiento acerca de la temperatura del color, que tanto sintieron los impresionistas, le permite a Cézanne racionalizar sus sensaciones, que oscilan preferentemente sobre el contraste naranja-azul. Cézanne tomó del impresionismo no sólo la claridad de su paleta sino también otros descubrimientos, como el de la ruptura del color local de cada objeto por la influencia de los objetos vecinos. Paul Cézanne se esforzó por ver, dejando de lado lo que se conoce de las cosas que se ven; quiso ser un “primitivo”, y en realidad lo fue del camino que el “inició”: “No hay pintura clara ni oscura –decía-, sólo hay relaciones tonales. Cuando éstas se cumplen de manera correcta, la armonía se establece automáticamente”.
FuentePaul Cézanne, _La montaña de Saint Victorie Barnes
Trató de ordenar las sensaciones coloreadas con las que trabajaban los impresionistas; su intención era “hacer del impresionismo un arte tan duradero como el de los Museos”; para ello agrupó las pinceladas yuxtapuestas del impresionismo siguiendo una dirección oblicua, como “cristalizándolas” en la superficie de la tela. Dejó de depender de la visión con un único punto de fuga central en la línea del horizonte, y estableció varios puntos de fuga en un mismo cuadro, moviendo la línea del horizonte oblicuamente o cortándola irregularmente, según lo requería la composición del rectángulo. Este movimiento de las perspectivas, y la rigurosa construcción del cuadro en la totalidad de la superficie, procediendo metódicamente por medio “de equivalentes cromáticos estructurales” crea una pintura que –a partir del realismo- alcanza una segunda realidad que ya no es la del realismo. El pintor ya no es un ojo que registra acontecimientos que están delante suyo, sino que su propio movimiento determina un cambio fundamental en la percepción de la realidad; la modifica para realizarla en otro plano, que es el plano específicamente artístico: “…ese sentido del arte, que es el horror de los burgueses”, decía. El pintor crea imágenes partiendo de su visión objetiva de la realidad, pero esta realidad se modifica cediendo a los requerimientos propios de la imagen que se va creando sobre la tela. Es un método objetivo, si pensamos en el arte fantástico, que modifica lo real siguiendo los caprichos de la fantasía o las alucinaciones deformantes que caracterizan, por ejemplo, el último período de la obra de Van Gogh. Hay diferencias en los métodos pero en cuanto al resultado, en uno y otro caso, se llega a un punto coincidente: la obra es un microcosmo que tiene sus propias leyes (que no son las de la naturaleza). La pintura supera las limitaciones del realismo que sólo presenta apariencias de las cosas del mundo. También Gauguin, por otros caminos, llega al mismo punto. Vemos así cómo estos pintores, con el fundamental aporte de Seurat y Signac, sientan las bases para todo lo que se desarrollará en pleno siglo XX, transformando radicalmente la concepción de las artes plásticas.
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