—Muchacho—dijo aclarando su garganta—¿recuerdas lo que significa un hombre viejo con una lámpara?—Me reí.
—Sí, lo recuerdo, significa un viaje, papá; pero no tiene que ser solamente un viejo ni un hombre, puede ser una colegiala. El significado no cambia en tanto se sostenga la lámpara y se dé el viaje para la iluminación—. Mi papá buscó sus botas y se las puso sin decir ni una sola palabra.
—Correcto. Siempre has sido muy inteligente, incluso a pesar de que eso pueda significarte algún peligro.—Dijo y se colocó un chaleco de invierno y un sombrero. Yo seguía sentado.
—Lástima que no puedo ir contigo—Le dije rompiendo el silencio.
—No, te equívocas, lástima sería que tuvieras que acompañarme, muchacho—Apuntó él. —¿Sigues sin creer en Dios?—Preguntó.
—Nunca he creído en Dios, papa…
—Ni lo hagas. Su existencia o inexistencia dan igual.—Dijo apuntándome con la lámpara, y con dicho ademán me levanté y lo acompañé fuera de la habitación hasta la puerta de la casa. —Qué sorpresa que hoy sea la noche más fría del invierno. Siempre es mi suerte de esa forma—Dijo bromeando y ambos reímos. —¿Le temes a la muerte, hijo?
—No, pero la deseo.
—Todos los hombres la desean, hijo, como si fuera una mujer hermosa. La vida es una condición de la muerte, todos los días las personas están más muertas. Es natural desear volver al génesis que es esa nada. No quiero que reces por mí, muchacho. En cambio, ama, la vida es el orgasmo de Eros sobre el cuerpo de Gaia, y sólo dura lo que dura un orgasmo para los dioses. Tánatos, en cambio, es perenne. Eso es Abraxas.
—Rezar no sirve de nada, papá. La gente que se muere sólo se desvanecen del camino cuando la olvidamos. De allí en adelante ni hay cielo ni tampoco un infierno.
—Ah, pero cuando me coman los gusanos—dijo él poniendo su mano sobre el pomo de la puerta.
—Bueno, cuando eso pase, mientras te recuerde, seguirás vivo, pero cuando me pase lo mismo, en ese momento morirás porque ya no podré recordarte.—Abrió la puerta y apuntó a la gruesa obscuridad con la lámpara.
—Creo que esta última conversación ha hecho que esta lámpara brille un poco más. Sin duda mi viaje será más cómodo de esa forma. Estoy feliz de que pienses así. Adiós, hijo.
—Adiós, papá—dije besando su rostro.
Él salió de la casa sonriendo, y caminó como una estrella fugaz en la obscuridad infinita hasta perderse. Cuando desperté, él estaba sonriendo en la cama ya ido por siempre.
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