Llámale a la oficina, ha de haber gente cerca suyo, y cuéntale algo muy caliente.
Explícale lo mucho que te excita, lo caliente que estás… Ya verás cómo se pone él.
La anticoncepción es cosa de dos; el sexo seguro también.
Estrategia si sois pareja con hijos: mandad a los niños a casa de los abuelos o intercambiadlos de vez en cuando con amigos («Este fin de semana
os quedáis a los nuestros, el próximo nos llevamos a los vuestros»), para que dispongáis de 24 horas —mejor si son más— a solas. Nada como
tener tiempo.
Niños o no niños, invítale a un fin de semana loco. Todo pensado para que el otro disfrute: una ciudad que le apasione, una playa paradisíaca, una
carrera de motos si es eso lo que le va… La felicidad genera pasión.
Hielo en la boca y a jugar con su cuerpo. Puedes probar con uvas o bolitas de melón congeladas.
Si quieres probar a introducirte un hielo en la vagina, empieza con un trozo pequeño y lamido previamente. Otra opción: colocarlo en el
preservativo. Ojo.
Agua caliente y fría y una buena felación.
Llena tu boca de gelatina o nubes (en tiendas de golosinas) y ve a por su miembro.
Y no os olvidéis de la combinación sexo oral-crema de menta o lubricante mentolado. También valen los caramelos, la pasta dentífrica y el elixir
bucal. Con cuidado.
Y tú ¿qué? Si no se le ocurre a él, dale un empujoncito: tus genitales también merecen probar estas cosas.
Las conversaciones con doble sentido —sea con él o con quien sea— siempre inspiran.
Hablar de sexo con una amiga sana y atrevida, como Z, también (Ojalá tengas una Z en tu vida. La sazonan. ¡Y de qué manera!).
Busca tu punto G. Ya sea con tu mano, la suya, su pene o un juguete sexual o similar. Recuerda que debes estar ya excitada y no renuncies si no lo
consigues a la primera.
Pregúntale si quiere que busques el suyo.
Para tentarlo, puedes jugar con su periné. Masajéalo frotando o presionándolo con la yema de tu pulgar y utilizando las falanges o nudillos de tus
dedos índice y corazón.
Apaga la luz, dale una linterna y que te enfoque donde quiera. Tú ya sabes lo que le gusta, pues adelante, y si no, pídele instrucciones.
Gime si te apetece. A él le sonará a gloria. Escúchate. Gemir, respirar, hablar. Goza de tu propia excitación.
Escúchale. Cómo respira, lo que murmura, si gime. Si permanece en silencio, rétale a soltarse, puede que no se deje ir porque le dé corte, pero no
pretendas obligarle: hay personas calladas, muy calladas, que gozan tanto o más que quienes dejan sorda a su pareja.
Llámale y explícale que no puedes concentrarte en tu trabajo porque te lo has imaginado rompiéndote la blusa y comiéndote los pechos.
tips de sexualidad - vive tu vida al maximo 100-120