Es lo que desea un hijo que se encuentra muy lejos de su ser querido, con la esperanza de un espérame que volveré, de aquel que emprendió un largo viaje para poder avanzar en la vida, en otro país con otro estilo de vida.
Alquiló una habitación donde nadie lo espera, lejos de aquellas manos que le daban tanto amor, por las noches se sumerge en el dolor, de unos ojos distantes, de su querida madre llenos de lágrimas, agoniza todas las noches pensando si fue lo mejor que pudo hacer.
Los días pasan, parece que tienen mucha prisa, lejos al teléfono, alguien le avisa, que se encuentran todos bien, mientras los anhelos dentro de su ser, se encogen con amargura, ninguna alegría le dura, si no está cerca del calor y el amor palpable de quien lo vio nacer.
Espérame que volveré, reza, ora todas las noches, implorando entre súplicas y sollozos, no envejezca tan pronto, aquellas manos que dibujan, venas y arrugas que llevan como sello, vivencias de un ayer que fue bello, en la unión de su familia, que hoy está perdida, en las esperanzas sufridas de progresar en la vida.
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