La búsqueda.
─ Desde hace rato lo estoy viendo, ¿Qué es lo que quiere? ─ sintió un ligero frío, nunca había tenido problemas con nadie; pero cuando abrió la puerta, no esperaba que entrara de esa manera, casi la tumba, luego se queda allí mirándola, y ella vuelve a preguntar: ─ ¿Qué es lo que quiere?
─ ¿Dónde está?, se que vive aquí, me costó mucho conseguir la dirección, ¿sabe cuántos barrios hay con el nombre de Nazareno? pero las señas que me dijeron son estas. Es aquí, no tengo dudas. Le clavó la mirada, de manera que Ella se sintió amenazada.
─ Yo a usted no la conozco vieja, pero usted debe saber la vida de ese señor, ¿de dónde viene y qué fue lo que hizo?
Ella no lo sabía, pero no le había dicho a quién buscaba. Debe estar equivocado, si debe ser otra casa la que busca y como reponiéndose un poco, volvió a preguntar:
─ ¿Y usted a quién busca?
─ Es cierto, no se lo he dicho; pero le voy a decir cómo le decían, lo apodaban el Zambo, al hijueputa le gustaba gozar... la vida se hizo para gozarla, bonita filosofía, y de verdad se divertía en ese pueblo... se divirtió mucho el desgraciado.
─ Usted está equivocado, aquí no vive nadie con ese nombre, mi marido se llama Eulalio Rojas, así que váyase.
Trató de empujarlo fue cuando vió el brillo ante sus ojos y el sudor frío ahora corría entre sus senos flácidos. nunca había tenido una pistola tan cerca de su rostro.
─ No se pase de lista vieja, yo vine por el zambo y no me importa si se llama Eulalio, vine por qué tiene deudas que pagar, dígame dónde está? Ella levantó su mano y señaló una puerta. ─ ¡Bueno vamos! Sus piernas no le respondían y casi cae cuando la empujó.
─ El no es la persona que busca, Eulalio nació aquí.
En ese momento recordó cuando lo conoció, esa imagen le llegó tan clarita que se asustó y supo que nunca le había preguntado de donde era y ahora tenía miedo de saberlo, con quién se había casado, ya eran treinta años juntos.
─ Es al zambo a quién busco y no a ti vieja, anda camina o está bala se va meter en tu cabeza.
─ Se llama Eulalio, se equivocó.
Sacó las uñas y se le fue encima. Sonó un disparo y aquel rostro lo miró como diciéndole una y otra vez: usted se equivocó.
─Bueno esa bala no era para ti vieja y no tengo más balas conmigo, tanto buscar para perderla en tu cabeza.
Miró la puerta cerrada al otro lado, dejó escapar algunas muecas.
─ ¡Maldición! ya vendré por ti Zambo, ya vendré...
A través del arte podemos crear una sociedad más humanizada, donde prive el amor por encima del odio.
Imágenes editadas con PhotoScape
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