“La herencia no la forja un papel, la demarca, sin contener sentimiento alguno...”
Hola a todos. La realidad de nuestros encuentros, a veces se sienten insignificantes, pero al transcurrir el tiempo te muestra que no es así, 20 años después surge esta pequeña historia.
Sentado en la mecedora al lado de la entrada principal, observo el caminar de los transeúntes, sus conductas, sus rumbos, buscando ver el lado bueno de sus pasos.
Se acerca David, mi hijo, con un manuscrito que le mostró su abuelo, estaba amarillento, con letras plasmadas de sobriedad.
Es un texto simple, que muestra de alguna forma, un sentimiento profundo de un padre por la partida de un ser querido: su hija. Leo para ambos.
“…Una luz que desde sus inicios brilló intensamente en el camino de mi vida.
Desde pequeñita era apegada conmigo, me acompañaba cuando en las tardes salía a tomarme unas cuantas cervezas, ella sentada en un velador pedía una malta y un bolívar que introducía en la rocola chequeando los discos que sabía eran de mi agrado.
Muchas noches de las cuales me sentaba en el frente de la casa, después de la cena, se acercaba con su sillita, colocándose a un lado diciendo “Sopa bisa carajo”.
Estaba pendiente de todo, de lo que yo hacía y decía. De pronto se paraba y cantaba “oh mami blue dame tetero” y se iba a dormir.
Cuanta alegría se reflejaba en su rostro, cuando los fines de semana con sus hermanos nos dirigíamos a la granja de paseo a bañarnos en el caño de Agua Linda. Eran horas interminables dentro del agua jugando, hasta que cansados, cenábamos y se acostaban a dormir esperando el próximo día.
En sus estudios secundarios y universitarios fue aplicada e interesada. Todo lo que se proponía lo lograba a base de constancia y esfuerzo. Cuando se le ponían difíciles las cosas, acudía a mí en busca de un buen consejo o ayuda que le permitiera salir adelante. Siempre fue clara y precisa en lo que deseaba ser. Su mayor anhelo: graduarse de Ingeniero Químico.
Le llegó la hora del amor, se enamoró y se casó. Al poco tiempo tuvo un precioso niño que le alegró aún más la vida. Fue buena hija, buena hermana, buena esposa y buena madre (aunque efímera)
Particularmente fue extraordinaria como hija. Ay de aquel que se le ocurriera decir algo de mi en su presencia, ni siquiera a su madre se lo permitía, me defendía como si yo fuera el mejor hombre del mundo y estaba pendiente de mis cosas.
Desgraciadamente lloro amargamente su lamentable partida. Nunca lograré entender los designios de Dios. Quizás Él te necesitaba más que nosotros, pero yo me siento impotente para comprender el porqué de no permitir ver tu título en la mano. Porque no permitió ver a tu hijo crecer y por qué tu vida efímera. Otra cosa, si Dios te necesitaba porque nos separó a nosotros para entender tu partida tan pronto.
Querida hija, es tu padre quien escribe estas líneas con gran dolor en mi alma, ya que nunca imaginé ver partir un hijo ante que yo, pero sé que allá donde estés prenderás la luz que alumbre nuestro camino, siendo la eterna guía de esta familia que tanto te recordará por el resto de la vida.
Hoy te encuentras en una zona que está más allá de los sueños, quizás dándole cuenta a Dios de tus pasos por este mundo y será allí donde algún día nos volveremos a ver, para tratar de encontrar respuestas a lo que sucedió.
Hijita, hoy no estás conmigo, pero en mi corazón y mente te recordará como lo más hermoso que por mi vida pasó.
Al despedirme de ti querida hija, no te digo adiós, sino un simple hasta luego.
Gracias por estar, siempre ahí…”
Luego de leerla. Me di cuenta, como fallé en rememorar a esa persona que compartió poco tiempo conmigo. No supe buscar palabras para explicarle a David lo de su partida, pero fue el abuelo quien inteligentemente la encontró, presentando en un simple documento: una vida, una historia.
Los grillos se podrán comer el manuscrito, pero nunca devorarlo de tu memoria, hasta que Dios quiera...Le expliqué.
Gracias por leer. Hasta la próxima.