Sus piernas ya no respondían, jadeante se detuvo, se quitó los tacones, los tomó en las manos y siguió corriendo desesperada por la oscura calle, sin voltear hacia atrás, el escalofrío en su espalda le indicaba que aun la seguían. A su derecha notó una débil luz de una puerta entreabierta, corrió , la empujo, entró y cerró rápidamente.
Mientras recuperaba el aliento, Katty dirigió su mirada hacia un rincón y allí estaba, acurrucada, una pequeña figura humana, sobreponiéndose al miedo, caminó lentamente, se agacho y tocó tímidamente la enmarañada cabellera, la pequeña figura levantó la cabeza, mostrando el pálido rostro de una niña.
– ¿Cómo te llamas? – Preguntó Katty, la niña la miró asustada.
– Melanie – Respondió con voz temblorosa.
– Tranquila Melanie, no temas, ahora estamos juntas, te daré esto. – Le dijo, al mismo tiempo que se quitaba una pequeña medalla que colgaba de su cuello y la ponía entre sus manos. – Esto nos protegerá – se recostó al lado de la temerosa niña y la apretó contra su cuerpo – Ven, abrázame – Le dijo.
Los parpados le pesaban, el cansancio la hizo dormir, en un sueño profundo, se sintió como flotando sobre nubes, ya no la seguían, ya no tenía miedo, todo estaba bien, ahora había paz. Melanie, arrodillada encima de ella apartó su cara, con los labios destilando sangre, dejando ver los dos pequeños agujeros en el blanco cuello de Katty, le coloco la pequeña medalla en el pecho, le dio una última mirada y se marchó.