No se ha podido determinar todavía si la expansión del universo se prolongará infinitamente o por el contrario, llegará un momento en que la atracción gravitatoria entre los cuerpos que lo pueblan lleguen a frenar la expansión y permita un colapso posterior, o Big-Crunch. En este marco además, hay que encontrar explicaciones válidas para el comportamiento y la propia existencia de cuerpos exóticos como los agujeros negros.
En el periodo de entreguerras, desde algunos grandes centros de observación del espacio se detectó el siguiente problema: las radioondas emitidas desde la tierra al espacio, que por lo general seguían su curso normal, en ocasiones desaparecían súbitamente. Tras varios años de dudas y vacilaciones, a finales de la década de los sesenta se llegó a la conclusión de que determinadas regiones del cosmos están ocupadas por unas masas a las que se denominó agujeros negros, cuerpos negros o cuerpos grises.
Su característica básica sería una tremenda densidad y una enorme capacidad atractiva, de tal manera que absorberían o capturarían cualquier clase de materia y energía que circulase dentro de los límites de su campo de atracción. La densidad de estos cuerpos sería tal que un fragmento del tamaño de la cabeza de una aguja, bien pudiera pesar millones de toneladas.
A partir de 1970 se concluyó que se traba de materia colapsada, o materia negra, en contraposición a la materia blanca que constituye el universo que se conoce, es decir, la que lo puebla actuando como fuente de energía y siendo por tanto detectable con los instrumentos astronómicos disponibles. La materia negra u oscura representaría, según las estimaciones actuales, aproximadamente el 90% de la materia contenida en el universo, lo que significaría, de ser cierto, que en realidad todas las aproximaciones que se hagan acerca de la estructura y comportamiento del universo como un todo están limitadas por el hecho de que se desconoce la cantidad y la naturaleza de la mayor parte de la materia que lo habita.
La búsqueda activa de agujeros negros en los centros de las galaxias y regiones concretas del cielo parece apuntar a que podrá confirmarse su existencia, predicha en el marco de la teoría relativista, y que además existen mecanismos que posibilitan que dichos cuerpos no tengan por qué convertirse en una especie de sumideros finales de toda materia del cosmos.