Va pasando el tiempo, los días son lentos, nos despertamos en medio de la tormenta que todavía existe, anhelando lo normal nuevamente en nuestras vidas.
Nos acostumbramos al café compartido, a la caminata que refresca, a los saludos, los gestos bellos, la melodía eterna. Y ahora en medio de tranquilidad, hasta lo normal se anhela.
Estamos privilegiados en nuestro hogar, mejor lugar imposible para descansar, mejor lugar ni en sueños para amar, pero al fin y al cabo, nos acostumbramos al ruido del intercambio con el amigo, al ruido de los autos, a tomar el transporte, a llegar cansados de laborar.
Quizá sólo nos hace falta ver un rato mucha gente al rededor, algo de ese movimiento loco en el que las ciudades son lo que son, ese ruido que parece un panal en la feria de un centro comercial, y ahora que lo pienso era un ruido aturdidor que hoy extrañamos porque simplemente queremos la normalidad de la vuelta del sol.
Recordé que mirando aquel estanque de los peces, me preguntaba, ¿cómo era posible que crecieran así de juntos?, la respuesta es la adaptación natural, así como nosotros, éramos felices escuchando la muchedumbre, no lo sabíamos, pero éramos felices de tener que hacer mil cosas al rededor.
Pienso que es normal, que extrañemos un día. Pero también pienso que es una oportunidad única de desintoxicar nuestro cuerpo y nuestra alma del día a día.
Tenemos vida, nuestros seres amados, tenemos un mañana cada día. Seamos felices y si extrañamos pues vivamos hasta esa nostalgia con alegría, porque nos podemos reír de nosotros mismos, y encontrar paz para hacer más bonita la vida.
Disfruta el silencio, la vida tranquila, hasta que llegue nuevamente la rutina y la velocidad de los días. Son simplemente anhelos de lo normal y es que así de hermosa es la felicidad de cada ser humano que el mundo habita.
Imágenes propias. Fotografías tomadas con un móvil Blu Vivo One Plus. Cámara f / 2.0 1/100 3.79mm ISO 200. Editadas para los mensajes usando la aplicación de diseños Canva.