Son esos momentos mínimos que hacen la vida, esos en los que a veces no recordamos las fechas exactas, quizá ni el día de algunos sucesos pero sí recordamos lo sublime del sentir, la sonrisa leve o gigante que tuvimos, la mano cariñosa o fuerte que tomamos, y así, porque la vida es cada instante mínimo, o esos instantes cargados de emociones.
Bien es cierto que efímero el año, los días pasan, cómo los barcos por el canal que van hasta el embarcadero, cómo pasan también las aves que retornan a sus lugares donde nacieron, pero en cada trayecto, en cada momento miles de sucesos se encuentran para hacer los milagros del universo.
Los momentos inolvidables no se van, cada instante permanece en una huella imborrable del plano de los acontecimientos, de vez en cuando algún instante profundo de nuestro corazón se asoman desde la nostalgia para hacernos sonreír o llorar. Cómo si tuviese una ventana mágica especial.
¿En esos momentos vivimos en el pasado?
Toda la vida los hombres han deseado conocer el mañana, guardan, invierten, esperan, pero irónicamente en este tiempo de estremecerse la vida lo que más vale, lo que ya no tiene precio son los recuerdos hermosos, lo que vivimos antes de necesitar tomar un espacio para protegernos.
Cada instante que pasó regresa en los recuerdos, por ejemplo, yo recuerdo el mar de mi isla, también el hermoso Puerto Madero, recuerdo los momentos que vivimos en las aventuras por los paseos y momentos especiales como el primer traje de flores estampadas que compramos para mi pequeña en una su segunda navidad de fiesta.
Cada abrazo, cada instante, cada palabra, gesto y beso, nos recuerda que en la vida es importante atesorar cada momento, y nos recuerda la promesa de Dios de que un día volveremos.
"Los que aman profundamente nunca envejecen, pueden morir de vejez pero mueren jóvenes."
Arthur Wing Pinero.
Imágenes propias. Fotografías tomadas con un móvil Blu Vivo One Plus. Cámara f / 2.0 1/100 3.79mm ISO 200. Editadas para los mensajes usando la aplicación de diseños Canva.