Curiosamente nuestro entorno refleja un modelo equivalente entre el espacio y el tiempo, haciendo inseparables los planos existenciales para mostrarnos cada suceso del Universo, de hecho las más famosas teorías científicas nos confirman incluso las dimensiones de este espacio.
¿Pero qué pasa en el alma?
Si el alma es una esencia no material que poseemos los seres vivos, principal actor de la vida a los seres humanos, entonces el alma tiene energía entre el espacio - tiempo.
Ciertamente si el enfoque es un plano matemático, entonces el alma de alguna manera llega a cuantificarse en el plano existencial, es una teoría filosófica que nos atrae, sobre a todo a los que abordamos las creencias con referencia a la Biblia, e igualmente somos estudiantes de la ciencia física.
El alma de los hombres constituye su esencia, y si la esencia es real, entonces, se manifiesta en el plano matemático que conforma el espacio - tiempo.
Al nacer todos poseemos una energía distinta, de allí la ternura de los niños, ese magnetismo innato en cada sonrisa, la manifestación de nuestra alma es pura en la niñez, porque en esos años no han llegado a nuestra mente los límites de los valores y principios existenciales dentro de la sociedad, esto porque irónicamente aunque abanderados la libertad nos vemos limitados por las normas sociales.
Ubicar nuestra alma en el espacio tiempo, es encontrar la felicidad en dónde estamos, lograr sanar las heridas que en el camino pueden presentarse, poder vivir y alimentar la parte inmaterial de nuestro espíritu.
El alma en relación con el espacio - tiempo se carga de energía en cada despertar, se proyecta por las dimensiones del tiempo mediante la profundidad del amor, si logramos que nuestros pensamientos coincidan con las funciones de nuestra alma habitaremos de forma agradable y bondadosa en el espacio infinito del Cosmos de Dios.
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“¿Amas la vida? Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida”.
Benjamin Franklin