Sin duda alguna uno de los actos misericordiosos más nobles que pueden existir es servir a otros, no quiere decir doblegarse, ni mucho menos esclavizarse, simplemente una forma de expresar amor y fortalecer los valores humanos a través de la ayuda, extendiendo una mano generosa.
Es verdad que muchas veces se encuentran personas que solamente se inclinan a sus intereses, otras que aparentan prestar servicio a la sociedad para tomar alguna ventaja, también existen personas dispuestas desde lo más genuino de su ser a servir para que otros puedan estar en comodidad, alegres o simplemente a salvo.
Grandes personajes de nuestra idiosincrasia religiosa nos inculcan que el servicio a otros también es servicio a Dios, esto porque en los mandamientos divinos se refleja ayudar como uno de los mandatos del ser humano.
Cuando tenemos la posibilidad o la oportunidad de servir a otros debemos sentirnos bendecidos, quizás siendo parte de una organización de trabajo social, interactuando a través de un donativo, enseñando o educando a otras personas que tienen necesidad de aprender, todos estos actos fortalece nuestro espíritu y nos hace ser una luz para otras personas. Pero es importante destacar que cuando somos luz para otra persona también iluminamos nuestra vida.
A veces a nuestro alrededor hay personas que necesitan consuelo, sobre todo en medio de esta crisis pandémica donde el temor, la ansiedad, o perder a un ser querido se ha visto en múltiples ocasiones, es bueno extender una mano, tener palabras de aliento o quizás una sonrisa en donde la otra persona necesite encontrarse.
Si tenemos la posibilidad de servir alimentando a otros, esta acción nos hace bien a la vida, además por ser un acto poderoso la abundancia regresa a nosotros, porque todo en esta vida es un eco y regresa a nuestro ser.
Si al momento de entregar nuestros servicios esto implica ir más allá de nuestro bienestar, entonces estamos haciendo un sacrificio qué a los ojos de él bien se multiplica en bendiciones. La vida se puede disfrutar cuando la compartimos, y esto es algo que debemos inculcar desde la familia donde la prioridad debe ser abrazar a nuestro hermano y prestarle toda la ayuda necesaria.
Hacer algo por alguien más nos da grandeza a nosotros, es cómo sembrar un árbol o escribir un libro, una huella que dejamos permanente en el mundo.
Por eso, cuando alguien nos falle después de recibir un favor debemos bendecirlo, sin importar nada porque la vida misma regresa todo aquello que hacemos.
Sirvamos a nuestro prójimo con una sonrisa, de esta forma ayudaremos a la humanidad a ser mejor cada día y seremos fuerte de alma. ❤
Imágenes propias. Fotografías tomadas con un móvil Blu Vivo One Plus. Cámara f / 2.0 1/100 3.79mm ISO 200. Editadas para los mensajes usando la aplicación de diseños Canva.