Desde los primeros días de diciembre comenzamos mirando las luces, los adornos, todo lo lindo, porque el ambiente se alegra en los detalles. Pero en este día, justo de preámbulo de la emoción del nacimiento de Jesús nos llena de gozo.
Hablo de la fe particular, de un motivo especial para los que somos cristianos, porque nos regimos por ese sentimiento, elevamos la energía a la felicidad de la fe. Encendemos en nuestro corazón un una luz por nosotros, por los que amamos y por todas las personas que nos rodean y necesitan amor.
La verdad de la Navidad es conectar con el agradecimiento, hoy más que nunca pedimos que nuestro cuerpo sane de todo mal, que nada malo nos aseche o nos afecte. Y que aquellas personas que en estos momentos se encuentran luchando por su salud, sé de hijos cuidando a sus padres, se de hermanos preocupados por sus hermanas, por ellos y por todos debemos alinearnos con la paz.
Tras las bendiciones de la vida, agradecer cada día, llegan los olores de sahumerio que nos atrapan, ese olor a la canela de los da dulces, el pino que nos relaja, las frutas secas en el pan dulce, todas esas bendiciones necesarias. Y mientras podemos estamos en la calma.
Es necesario estar preparados para el simbolismo de las buenas noticias, para recibir la esperanza, la Nochebuena es propicia para orar por todos en cada momento que se encuentres a pesar de la distancia. Hoy se extraña en nuestra mesa a esas personas que nos faltan, los que se fueron, los que durmieron en la esperanza del mañana.
La verdad es que somos únicos, un milagro en la constancia de los tiempos, y en nuestra alma la luz de la ilusión debe reflejar nuestra calma, son momentos para desear el bien a todo aquel que le haga falta, son momentos de solidaridad y tolerancia.
Que el niño Dios sea esperado en nuestro corazón para ayudar a aquellos que necesiten creer en el mañana. Feliz Nochebuena, que seamos familia, amor y esperanza.
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“La Nochebuena es una noche de canción que te envuelve como un chal. Pero que calienta más que tu cuerpo. Calienta tu corazón… y lo llenó con una melodía que duraría para siempre.”
Bess Streeter Aldrich