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Un melifluo, pero constante ruido, me levantó con premura mientras dormitaba. —Buenos días cariño, ¿cómo te encuentras? —susurró una cálida voz conocida. Rápidamente, avisté un ajustado chaleco de color azul y negro, esos exóticos ojos negros me eran inconfundibles. No sabía cómo responderle, seguía conmocionada por esa horrible pesadilla. —No puedo mentirte, me siento sumamente abrumada, supongo que me volví a quedar dormida en el auto. Bien sabes que no soy una drogadicta ni una alcohólica, pero puedes terminar con tus deberes como comisario —expresé con un tono cansado. Jacob me seguía observando con una mirada llena de dudas. —¿Qué te ocurrió Lucy? Tu frente está enrojecida, tu vestimenta está rasgada y tu cuerpo está repleto de moretones, ¿te han hurtado? —me preguntó desconcertado. Al mirarme frente al espejo, fui testigo de todas sus descripciones, la incertidumbre me invadía por completo al cuestionar la realidad de los hechos, —¿qué me habrá pasado? —pensé. —No sé lo que me ha ocurrido, tengo muchas lagunas mentales, no es la primera vez que me pasa, mejor dime, ¿qué hora es? —respondí apresurada. —No me ha convencido lo que dices, estaré investigando lo sucedido. Por cierto, son las 5:10. —replicó con un tono serio. —Tengo que irme rápido, mi vuelo es a primera hora. Conduje de forma acelerada hacia el camino a casa. Al llegar a mi hogar, mi madre ya se encontraba esperándome en la sala, me miraba con desconcierto al ver mi cuerpo magullado. —¿Qué te ha pasado hija? —me preguntó preocupada. —Sufrí una caída, pero solo fue una tontería —le mentí para no preocuparla más de lo que ya estaba. —Necesitas atención médica, esas contusiones no se curarán solas. —Estoy muy apurada, mi vuelo es en 40 minutos, así que como comprenderás, no puedo darme el lujo de perder el tiempo con esas nimiedades. Me retiraré para ducharme y vestirme propiamente. Al salir de la tina, me vestí con mi mejor abrigo, me maquillé para ocultar los moretones y me coloqué unas gafas. Me dispuse a hacer las maletas y me despedí de mi hijo con un tierno ósculo. —Nos volveremos a ver muy pronto, tu abuela te cuidará con esmero, ella te mimará mucho, así que pórtate bien—vociferé mientras lo abrazaba. —¡No te vayas madre! ¡No quiero que te vuelvas a separar de mí! ¡No me abandones de nuevo! —el niño me rogaba entre sollozos para que no partiera. —Pronto volveré a estar contigo, nunca dudes de mi amor por ti, eso siempre será algo incondicional e inefable —respondí mientras sentía nostalgia. Me dirigí al aeropuerto, allí me encontré con mi equipo de trabajo, ya todos estábamos listos para partir a la expedición. Recostada en el avión, me puse a meditar sobre todo lo sucedido, —sin dudas fue un sueño espantoso y extraño, aunque no sé qué explicación lógica puedo darle a los moretones en mi cuerpo —pensé. Luego de unas cuantas horas, nos encontrábamos aterrizando en la Antártida. Me quedé contemplando con extasío, un velo etéreo de muchos colores que se posaba en el cielo nocturno, —ésa tenía que ser una de las más bellas auroras australes que había visto en mi vida —pensé. Después de establecernos en las estaciones de investigación septentrionales, en la mañana siguiente, empezamos nuestra gran búsqueda, nos dividimos en cuatro equipos, cinco personas en cada uno. Como era de esperarse, yo dirigía al equipo de virología. Nos embarcamos junto al equipo de geología a investigar una de las grandes montañas Trasantárticas, el aire se tornaba cada vez más gélido al acercarnos a ella, la inmensa masa de hielo estaba repleta de grutas. Al terminar las pesquisas de rutina, decidimos quedarnos a dormir en las bases adyacentes. Eran las dos de la mañana y me encontraba trasnochándome analizando las muestras cultivadas por mi equipo, ninguna de ellas era prometedora, pues éstas fueron recolectadas en zonas muy superficiales, pero sabía muy bien que para conseguir una muestra verdaderamente valiosa, tenía que adentrarme en esas grutas. Con ansias de conseguir el virus, salí a las afueras de mi campamento, los vientos polares rugían como una manada de lobos. Caminé hasta llegar a una de las cuevas. Me adentré en ella, mientras la recorría, podía observar unos inmensos carámbanos que se encontraban a punto de caer, me atemorizaba al escuchar el crujir de esas esquirlas de hielo. Recorrí los alrededores hasta que llegué a los confines de la espelunca, en donde ni siquiera mi linterna me permitía observar más allá de un minúsculo umbral, —si no fuese por este abrigo y mi linterna, seguramente ya hubiese muerto de hipotermia —pensé. En la completa obscuridad, logré divisar un bulto rodeado por un fulgor incandescente, el sujeto se encontraba inerte, a solo unos metros de mí, la sensación de pánico era inmensurable y mi mente se llenaba de preguntas. Podía presenciar como esa persona se acercaba lentamente, al posarse frente a mí, su aura imponente y magnánima hizo que me postrara ante él. Mirándome con sus ojos rojos, sentí como si se comunicase conmigo por medio de una especie de telepatía, pues en mi cabeza retumbaban estas palabras repetidamente: —Si terminar la búsqueda deseas tú, en la dirección equivocada estás, al abismo descender deberás. Sumergida en las profundidades abisales, la supervivencia encontrarás, pero ya muy tarde para ustedes será. En 7 años, el aptare asimilar ya deberán, de lo contrario, su exterminio inevitable será. La epifanía que se te ha manifestado dos lunas atrás, sentido cobrará, por ello tu razón de ser has de cumplir. Esas palabras me desconcertaban tremendamente. Luego de mirarme fijamente por varios minutos, ese sujeto se esfumó tan pronto como las palabras dejaron de rondar mi mente. |
Si deseas leer los anteriores capítulos de la historia que escribo junto a mi co-autor @sneikder y mi colaborador @mervin-gil, aquí les dejo los enlaces: