La granja
La vida en la granja era como cualquier otra. Había sus rutinas. En las granjas, todo el mundo lo sabe, no hay días de fiesta. Es cansado pero el cuerpo se acostumbra a todo, no tanto la mente.
Cuando llegaron allí Javier y su mujer tenían todas las ilusiones puestas en aquel proyecto. Era todo un desafío, él psicólogo y ella profesora de biología. Abandonar la comodidad de sus despachos y la vida en la urbe no fue una decisión fácil. Cuando se lo propusieron les pareció entre descabellado y genial. Ella estaba pasando un mal momento, estaba asimilando que no iba a poder tener hijos y necesitaban algo que los sacara del estado de decepción de no poder cumplir los sueños que se habían propuesto. Esta locura podría ser el punto de inflexión que necesitaban para cambiar de rumbo y que sus vidas adquirieran nuevas expectativas.
Para la agencia eran candidatos perfectos, preparados y aptos para cumplir su cometido. El trabajo era fácil.
Todos los días tenían que levantarse temprano y despues de desayunar limpiar las estancias, proveer los comederos para que no faltara agua ni comida, mantener a las hembras separadas de los machos, en definitiva, mantenerlos cuidados y a salvo.
El problema surgió cuando la agencia les informó que tenían que entregar la primera pieza. Ella se había encariñado demasiado, los veía como hijos. Una niña de 6 años. Su corazón salvaría a la original.
¿En que momento podían haber pensado que una granja de clones humanos era una buena idea?
Quiero agradecer a por continuar con estos maravillosos concursos y a
por su colaboración.
Si quieres participar puedes leer las bases aquí.