He conocido el desprecio y el arrepentimiento del hombre,
me he sumergido en su decidía y en su amor loco,
he conocido sus fuertes brazos y su lejanía que hiere,
su atención y su discreta indiferencia.
Pero por sobre todas las cosas,
me he perdido inexorablemente, ¡Oh, amor!
en ese dulce amanecer que me lleva al sopor,
en esa tristeza larga parecida a la esperanza,
en esos besos que se meten bajo mi piel y se estancan.
Yo, que te mostré la verdad de mí,
la verdad de fuego que habita en mi pecho marchito como la flor,
la mentira que escupo enérgicamente como la saliva,
yo, que te enseñe a amar sin escrúpulos,
yo, que te señale la parte más honda de mi alma,
yo, que ahora lloro desconsoladamente...