Si mal no recuerdo, nunca pensé que una despedida fuera tan dolorosa.
No debemos olvidar el amor y la felicidad que nos hizo sentir una persona aunque se vaya. Sin embargo no me despedí como debía, realmente el miedo me invadió, solo sé que la última vez que te vi sabiendo que no podría hacerlo más te di un beso en la frente cuando debí haberte dicho esto:
A ti, que siempre me gustó tu manera de reír, tus ánimos por el cielo, tus jugos súper dulces, tus comidas recalentadas, tu compañía, tu atención, tu manera de quererme, tu defensa ante cualquier problema, tus comportamientos juveniles, tus charlas y lecciones de vida, tus consejos, tu amor incondicional, tu fuerza interna, tu sinceridad, tu directa forma de hablar, tu fidelidad, tus llegadas rápidas y sorprendentes con sopas y jugos cuando me enfermaba.
Y aunque siempre odié tu jodido carácter (muy parecido al mío), tu drama por todo, tus canciones de vallenato que no me gustaban, tu miedo a la soledad, tus chismes y reclamos, tu estrés y preocupación por todo, ante esto y más te amé, te amo y te amaré siempre, porque fuiste un gran ejemplo, una persona maravillosa y un ser indescriptible.
Creciste como una Margarita hermosa y te convertirás en una mariposa libre. Te agradezco tanto que es imposible escribirlo, solo te doy las gracias y me despido porque allí donde estés siempre sabrás cuidarme y aquí donde esté siempre te llevaré en mí.
(Eva. K. Blanco Rangel, 04 de Septiembre de 2016: En honor a mi abuela Eva Margarita Lara De Rangel).