Todos los días, aquel niño se apostaba en la puerta de la gran tiende de juguetes y veía a cantidad de niños comprando sus juguetes pero el no compraba nada, solo disfrutaba de lo lindo viendo la cara de felicidad de los demás niños cuando salían de la tienda portando sus sueños hechos realidad.
Sentados muy cerca estaban una señora encopetada y presuntuosa y el anciano sabio del pueblo y veían a aquel niño que no pedía nada pero que al parecer recibía mucho.
La señora le pregunta al gran sabio:
Señor, la vida si es injusta, vea como ese niño pobre no puede comprar nada y solo se conforma con disfrutar viendo a los demás niños con sus juguetes.
El gran sabio le contesta:
Señora no le extrañe si le digo que ese niño es mas feliz que los demás pues es mejor dar que recibir y le aseguro que ese niño regalando sonrisas y alegría a los demás está recibiendo el mejor presente de Navidad.
La señora millonaria pero ignorante escuchó pero seguía sin entender nada y eso que estaba presenciando la magia de la Navidad literalmente justo ante su nariz.
El viejo sabio viéndole la expresión sonreía.
Mientras aquel niño simplemente disfrutaba una mágica Navidad .
Caía la tarde y el sabio y noble anciano le grita al niño:
Nieto, venga para acá.
Y la dama encopetada seguía sin comprender nada.
Gracias por traerme abuelito.
¿ Te gustó tu regalo?
Me encantó abuelo gracias.
Bien, vámonos, hasta luego Señora. Que pase Ud una feliz navidad.
Y allá sola se quedó en el banco la millonaria encopetada pero vuelta un ocho pues ahora comprendía menos.