Ella. . ¿Qué puedo decirte? Si es lo
más hermoso aunque me diga que
no.
Saben, les contare una pequeña
historia. . .
Había una vez un pequeño perrito
que le gustaba corretear por todos
lados, era muy travieso y alegre. Al
ya nombrado le gustaba pasear con
sus dueños y que le dieras muchas
caricias.
Pero este perrito comenzó a crecer,
ya había dejado de ser el cachorro
tierno que todos aman, sus dueños
ya ni lo buscaban para jugar, lo
habían abandonado por ser un
perro adulto.
Una tarde mientras estaba en su
cucha* vio que en la casa de al
lado se mudaba una nueva familia,
sin prestar mucha importancia
volvió a lo suyo.
Al caer la noche divisó una sombra
proyectada sobre el pasto gracias
a la luz de la hermosa luna, al ver
que venía desde lo alto del
paredón miro intrigado.
Su cola empezó a moverse alegre
“ Gato Gato Gato ” fue lo único
que pensaba.
Decían que la primera impresión
era importante, el perro dio lo
mejor de si para que el gato no se
asustara porque fuera un Perro.
Y así fue como entre ellos
comenzó una amistad muy fuerte,
el Gato siempre fue el protector
del Perro y viceversa. Cuando
caía la noche era su hora de
encuentro, les gustaba jugar,
corretearse, siempre cómodos
con la presencia del otro.
Pero el Perro comenzó a sentir
algo más que amistad por el,
el can se sentía confuso su vida
siempre fue “ Papá y Mamá
perro ” nunca tener algo con un
gato.
Y aún así el Perro se animo a
confesarse, sin importar lo que
sus dueños pensarían.
El ama al gato, su pelaje blanco
como nieve y suave como el
algodón, el trato tan dulce que
tenía el mínimo con el, lo hacia
sentir amado y sin olvidar de
que siempre lo escucha cuando
el estaba triste o sus dueños ni
lo buscaban.
A pesar de que el gato no era el
mejor de todos, el lo amaba
porque aunque sus sentimientos
no estén lo mejor del todo, el no
nunca iba a dudar en ayudarlo
como lo hizo el mencionado en
su vida.