¡No era nada fácil esto de independizarme!
Aunado a eso, mi único hermano estaba fuera del país. Justo cuando más lo necesitaba, él me dejó aquí, abandonada. Estaba consciente de que se trataba de su futuro y yo no era quien para impedir que fuera feliz. O sea, ¡Por Dios! ¿Cómo podría hacerle algo así a mi propio hermano? Ni yo misma me lo perdonaría.
En cuestiones de amor, mi historial no es el más agradable que se diga. Podría decir que me he convertido en experta para las decepciones. Empezando por mi primera relación, cuando tenía aproximadamente 11 años: un total fraude. Pero, ¿qué podía esperar? Los dos éramos unos inmaduros. En el último año de la secundaria, comencé a salir con alguien. Todo iba a la perfección hasta que descubrí de que se trataba todo.
Por esa razón, decidí venirme a la Gran Caracas. Estando a kilómetros de mi hogar se me haría más fácil olvidar aquellas experiencias. Durante la universidad, hice grandes amigos, y conocí a otro chico. Bastante guapo, no lo niego. No obstante, ocurrió lo mismo que las anteriores. Fue un total fiasco. Desde entonces, me negué a salir con alguien más. Estaba frustrada.
Hasta que él llegó a mi vida e hizo de mi corazón,un eterno huracán de sentimientos.