Aceptaría la rosa infinidades de veces,
me ha cautivado la espina,
esa que todos odian,
comprendí su dolor,
que sólo lo hacía para su protección.
De todas las personas que su tallo una vez la quisieron arrancar,
queriéndole así quitar su libertad.
Que la flor esta para apreciar,
para saberla cuidar,
hacer de gozo sólo con mirar,
ser el jardinero que la resguardará,
no el canalla que la arrancará.
Ella era la rosa, y yo su jardinero,
prometí que la cuidaría con esmero,
de cualquiera que no fuera un caballero,
y la cuidase con atención,
que le regalase su corazón.
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