El sudor comienza a caer por su frente, gota a gota y la sangre que corría poco a poco, brota de repente como un chorro sin parar.
Apura más el paso y de repente algo la ataja y casi que se desmaya; pero se dio cuenta que era una rama de un pequeño árbol del camino. Trata de recuperarse y cuando está un poco más tranquila escucha los pasos lentos que van detrás de ella.
El camino se hace más pesado. Con mucho esfuerzo agiliza el paso y de repente voltea y ve una sombra; las piernas casi le fallan, pero sigue adelante.
Consigue una roca grande y se esconde tras ella y resulta que es la entrada a una cueva que no conocía y tapada con la maleza no se veía, como si no existiera. Se adentró en la cueva.
En esa caverna la oscuridad si era total. Se acurrucó en un rincón y comienza asustada a esperar. De repente siente que algo la roza y se queda petrificada, ¿Qué o quien la toco? y de repente una voz conocida desde lo mas profundo de su ser le dijo: llegaste a mi verdadero hogar Liza mía y a tiempo para la cena. Hoy comeremos asado de oveja. Era su hermano quien la esperaba para darle la sorpresa y de paso asustarla.-
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