Estimados steemianos, permitidme una reflexión precipitada, seguramente, pues aún no entiendo del todo este medio: no me gusta el sistema de votaciones, no me gusta que comentarios o votos no tengan que ver con nuestros gustos o nuestras afinidades, no me gusta que entrar a leer se convierta en una competición por unas monedas virtuales en un mundo virtual de virtuales ganadores. No me gusta que la comunicación se contamine de pérdidas y ganancias.
Tengo ya una edad que me obliga a echar la vista atrás y analizar si la ética que siempre me sirvió de guía está equivocada, puesto que no soy nadie en la vida, una Doña Nadie, una nadie en territorio de Los nadie. Y, no sé por qué extraña reacción de las moléculas cuánticas que me componen, la respuesta que me doy es que, si pudiera cambiar mis decisiones importantes del pasado, no lo haría. Que no me mueve el lucro, que prefiero un paraíso sin aristas.
Aquí somos aprendices de brujo, pero tendríamos que pensar si el brujo es Merlín o Lord Voldemort. Al fin y al cabo, nosotros somos los hilos que forman las redes, pero también sus agujeros.
Fotografía:
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