Disculpe usted el susto, pero me niego. La sorpresa, el disgusto, la incertidumbre, el malestar, el desasosiego. Mire usted que no digo que no. Simplemente me niego. Es una cuestión de gustos, de ideas, de materia entrópica o de elementales signos inmateriales, como el vuelo de una ardilla: usted la ve luchando contra las leyes de la física, yo la veo disfrutar de la línea del cielo.
Decir me niego no es negarse, es afirmarse como ser pensante y eligiente, no formar parte del electorado, mirar un cuadro de Vincent y perderse en el remolino, emocionarse con la letra de La Marsellesa, no ser una mercancía, mirar fijamente los ojos de un niño y reconocerse en ellos, escuchar la alarma de un despertador y tirarle una zapatilla por habernos sacado del sueño en el que negarse forma parte de la educación sentimental de los animales inteligentes.
Disculpe usted, caballero, pero su vida me gusta más bien poco, no quiero imitarla. Y porque no soy absolutista, si lo fuera, le diría que no me gusta nada.
La foto es de aquí: http://www.telegraph.co.uk/news/picturegalleries/picturesoftheday/10043546/Pictures-of-the-day-8-May-2013.html?frame=2556992