Cuando me equivoco, lo hago por educación.
Soy el cultivador de hongos, y he tenido la suerte de que tantas veces me ofrecieran el regalo de su entendimiento, que puede decirse que, cuando me equivoco, es por causa de un especial respeto al vacío formado detrás de la comprensión de un teatro sólo para locos.
Veo sus pasos de ballet clásico sobre cintas a lomos de liebres, sus límites improbables dirigiéndose a mi pecho, el ruido verde que surge de la cola de un cometa del diámetro de una avellana pequeñita...
Podría decirse que, de mano de los hongos, nada es misterio; que sube la charca y baja el tejado, que nada es como dijeron los calendarios, la luna es escarcha, las voces que doblan las campanas, lo hacen porque son fuertes muros de silencio.
Pero sigo equivocándome, a pesar de que los hongos no engañan, porque me han enseñado a dudar principalmente de lo que pienso, de lo que afirmo, de lo que defiendo con más fuerza; y que, sin embargo, esa tendencia indica que por ahí hay algo interesante.
Cultivo hongos, y me equivoco porque no me importa.
"Hoy a la noche, a partir de las cuatro, en el teatro mágico
-solo para locos-
La entrada cuesta la razón.
No para cualquiera."
(Hermann Hesse, El lobo estepario)
La fotografía es de mi propiedad.