Malena era insultantemente joven. Quiero decir que, además de contar sólo con un par de décadas sobre su flexible columna vertebrada, tenía la velocidad del aire en el centro de un ciclón. Pero aquel día estaba cansada, había salido todas las noches de unos carnavales que duraban ya más de una semana, era miércoles de ceniza y decidió quedarse viendo la televisión, que para ella era dormitar tranquilamente.
Compartía el piso con tres chicas que pretendían, sin resultado, que saliera con ellas para despedir a Don Carnal hasta el año siguiente; pero no se daban por vencidas, así que decidieron utilizar el típico “sin ti no es lo mismo”, un chantaje emocional como otro cualquiera. Pero Malena sonrió, se quitó el pijama y salió con ellas a estrenar aquella noche de febrero.
Había mucha gente en el centro de la antigua plaza, sede de tantas fiestas populares, y Malena perdió a sus amigas en uno de esos tirones de brazos, hombros y piernas que le nacen al cuerpo de las muchedumbres, impidiendo el avance singular. Desde el templete decimonónico del parque, sonaba en esos momentos una canción que en Madrid conoce todo el mundo, es como su seña de identidad -si es que una ciudad que se caracteriza por ser de todos, posee algo parecido; quizá por eso la tuvo que escribir el mexicano Agustín Lara-, y Malena escuchó una voz a su espalda que dijo: “¿quién se baila este chotis?”. No sabía bailarlo, era más de rock. Aun así, a ella no le venía nadie con retos, se dio la vuelta y contestó: “Eso me lo bailo yo”.
Aquella noche de miércoles de ceniza duró más de un cuarto de siglo. Malena y su bailarín, que también era más de rock, se reconocieron entre la multitud, porque en algún otro sitio, que no recordaban, se habían conocido. Muchos años después de aquella noche en que Malena quería quedarse en casa, se puede escuchar en la plazuela, cada miércoles de ceniza, a alguien silbando la música de: “cuando vuelvas a Madrid, chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés...”
Tomado de Wikipedia: El chotis llegó a la capital española en 1850 y ha quedado noticia de que se bailó por primera vez, en el Palacio Real, la noche del 3 de noviembre de aquel año, bajo el nombre de 'polca alemana'. Se hizo luego popular y baile castizo por antonomasia del pueblo de Madrid, se baila en pareja cara a cara, al son de un organillo y durante el baile la mujer gira alrededor del hombre, que a su vez va girando sobre su propio eje, de ahí que se haya hecho popular el dicho de que "no se necesita más que una baldosa" para bailarlo. Es típico de las verbenas de Madrid.
En la foto, Don Agustín Lara en la plaza Arturo Barea de Lavapiés.
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