Los jóvenes de Peonia, Tuscaloosa, o alguna otra ciudad lejana de la costa oeste, tras haber leído a los beatniks, emigraban como golondrinas a San Francisco para ser uno de ellos. Pero, al llegar, se encontraban con que habían desaparecido; en su lugar, unos jóvenes desaliñados, la siguiente generación rebelde, se sentían como si ellos mismos fuesen los Vagabundos del Dharma de los que escribiera Kerouac. Estaban creando su territorio común, de boca a oreja iba recorriendo por todo el país una frase que a ningún chaval dejaba indiferente: “¿Sabes?, hay gente como tú en San Francisco.”
Abandonaban estudios, dejaban de imitar la vida de sus padres, estaban dispuestos a trastocar cualquier frontera hasta entonces entendida como inamovible: entre clases sociales, blancos o negros, hombres o mujeres... buscando un placer que el sistema negaba constantemente, como parte fundamental de su ideología del deber y el sacrificio. Los hijos de una opulencia económica manchada de sangre y petróleo, se negaban a seguir manteniendo como objetivos de su vida el dinero y un elevado status que requería mucho sacrificio y muy poca conciencia.
Acudían al mercado central, de madrugada, para rescatar los alimentos desechados para la venta, por carecer de buena presencia, “descuidaban” algo en el supermercado o pedían algunas monedas por las calles; el resto de su tiempo, vivían. La población hippie iba creciendo de tal forma, que se organizaron para abastecer las necesidades de la tribu.
El grupo anarquista The Diggers, actores callejeros que tomaron su nombre como homenaje a un grupo de radicales ingleses del s. XVII, comenzaron a ofrecer comida gratis en el parque Golden Gate, o ropa que provenía de particulares o de excedentes de las empresas de la localidad. Los famosos tintes hippies (¿quién no los ha hecho en su casa, anudando la prenda para que aparezcan una especie de soles coloreados?) surgieron de la cantidad de camisas blancas de oficinistas que llegaban a sus manos, las teñían y quedaban mucho mejor, qué duda cabe. En resumidas cuentas, aquellos jóvenes no se preocupaban por encontrar trabajo, sino por eludirlo. Peter Coyote, miembro por entonces de los Diggers, afirma que todo lo que hacían era para despertar conciencias.
Una de aquellas chiquillas que escaparon de la vida que les ofrecían los adultos, Janis Joplin, pensaba que el ahora se destrozaba pensando en el mañana: “Si miramos a nuestros padres, vemos cómo se rindieron, cómo se entregaron para recibir bien poco. Así que preferimos tener mucho ahora, antes que un poco de nada repartido en setenta años.”
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